“Ni escepticismo ni pesimismo, abracemos la esperanza” por Christian Farías

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El título de este artículo son palabras textuales de nuestro presidente Nicolás Maduro, expresadas en la reunión de los mandatarios de la XXVII Conferencia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), que se realiza en Sharm El Sheikh de Egipto, hasta el próximo 18 de noviembre del año en curso.

Es importante destacar que en la correlación de estos tres conceptos: Escepticismo, pesimismo y esperanza, nuestro Presidente propone un deslinde necesario, para rechazar las dos primeras visiones negativas de los escépticos y pesimistas, por un lado; y por el otro, reafirmar lo bueno, lo positivo y esperanzador que es lo que realmente reclaman, anhelan y necesitan todos los pueblos y naciones del mundo, para vivir en paz, construyendo el bienestar social y la felicidad necesaria y permanente.

Con este enfoque, nuestro Presidente reafirma la necesidad de construir un contexto sólido y estable para la nueva diplomacia política universal, de alta jerarquía e interés estratégico, sustentada en la racionalidad filosófica y no en la sinrazón de los intereses mezquinos y destructivos de la hegemonía imperial norteamericana y europea.

Es necesario, entonces, y así lo reclaman los pueblos de la Tierra, que las contradicciones, la conflictividad y las desgracias humanas y del medio ambiente, sean tratadas en beneficio de toda la humanidad; y no para seguir alimentando los abusos del hegemonismo y la irracionalidad de los poderosos; sus amenazas, agresiones y guerras genocidas contra el necesario equilibrio y la sana convivencia de la humanidad entera.

Se trata, entonces, de visualizar una alternativa racional, ética, estética y verdaderamente humana, para lograr eso que dice nuestro cantor Alí Primera: “…hacer humana la humanidad”; pues, es indudable que todas las naciones, pueblos y el planeta entero, estamos frente a una coyuntura histórica preñada de fuertes y agudas contradicciones que son superables mediante el entendimiento y la paz; pero, nunca jamás a través de las guerras, pues, ellas generan más dominación y esclavitud, resistencia y lucha.

Ubicados en esa perspectiva, reafirmamos la necesidad de una metódica sustentada en el pensamiento dialéctico, crítico, sistémico y complejo, para abordar los problemas y conflictos en sus dinámicas históricas del pasado, el presente y la proyección de su futuro.

Las sociedades humanas, como en toda realidad o fenómeno de la naturaleza y el cosmos, surgen y se explican a partir de sus contradicciones internas que determinan y dinamizan su modelo de desarrollo económico-socio-histórico que, a su vez, es objeto de la crítica en su funcionamiento sistémico y las complejidades que lo caracterizan y dinamizan.

En tal sentido, podemos identificar de manera esquemática las contradicciones que hoy dinamizan la vida de nuestra sociedad en sus diferentes dimensiones. Para ello y a manera de indicadores, nos vamos a referir a cuatro áreas o sectores básicos y estratégicos y sus vínculos con el escepticismo, el pesimismo y la esperanza.

1.- El desarrollo y la competencia en la economía mundial, lejos de ser un campo de interacciones de capitales para el beneficio y bienestar de las naciones y sus pueblos, en una atmósfera de paz y sana convivencia; se han convertido en un gigantesco campo de guerras multifactoriales y destructivas a favor de las hegemonías de los poderes imperialistas (Estados Unidos de Norteamérica y sus aliados europeos); y en contra de los países emergentes del subdesarrollo y el atraso, en los continentes Latinoamericano-caribeño, africano, asiático y de la misma Europa.

2.- La política ha dejado de ser el arte de gobernar las polis o ciudades del planeta, con base en la ética para el Bien de la sociedad, como lo postuló Aristóteles. Ahora, con el neoliberalismo económico, los poderes imperiales, las burguesías perversas y los corruptos de todas las latitudes y colores; pero sin conciencia, han desviado, desnaturalizado y pervertido el ejercicio de la política en su noble y digna función histórica-social.

Es indudable que el fenómeno de la corrupción es como si Judas hubiese resucitado para multiplicar su traición a Jesús, en cada servidor público, funcionario del Estado o dirigente político sin conciencia revolucionaria ni dignidad patriótica, para servir y defender los derechos del pueblo y de la nación.

Es indudable que la gente corrupta, sea líder de comunidad, alcaldía, ministerio, empresa estatal o no, causan un gigantesco daño a la moral, la ética y la estética de la espiritualidad humana y al origen digno del ejercicio de la política. En definitiva, la corrupción es una práctica traicionera que pervierte y degrada la función pública, la acción social y productiva del país.

3.- El estado de bienestar social con base en los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, establecidos a nivel universal en la Carta de Naciones Unidas y nacionalmente, en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, es permanentemente saboteado y destruido por las burocracias perversas, desde el Estado y los órganos del gobierno en todos sus niveles, así como también en las empresas privadas.

En definitiva, el sistema capitalista-imperialista, ha generado su propio cáncer histórico, endógeno y multicolor como un falso arcoíris para distraer y engañar hasta la saciedad y la indignación de los pueblos. Este cáncer tiene tres metástasis en el comportamiento de las personas: la burocratización, la ineficacia y la corrupción, que galopan como caballitos de Troya para destruir el bienestar social de los pueblos. Así opera eso que llaman el desgobierno.

4.- La defensa militar de la nación es un compromiso de naturaleza estratégica; y por ello, el más elevado y sagrado deber patriótico de todos los hombres y mujeres de nuestro suelo, desde el cual se erige y sustenta la soberanía nacional.

El mejor ejemplo para ilustrar este elemento, lo tenemos en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el presidente Chávez, que generó el contragolpe del pueblo y los militares patriotas en poderosa unión cívico-militar el 13 de abril. Se logró derrotar inmediatamente a los golpistas para rescatar y reponer en el mando al comandante eterno.

Desde ese 13 de abril hasta hoy, la defensa militar de la patria, del pueblo, sus intereses y necesidades, es una tarea sagrada de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en unidad cívico-militar-religiosa con el pueblo y bajo el mando supremo del presidente de la República: Hugo Chávez, en su momento; y ahora, Nicolás Maduro.

Ubicado en ese contexto, venciendo todo escepticismo y todo pesimismo, en junio del 2022, “el presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, anunció la creación de las Brigadas Comunitarias Militares para la Salud y la Educación (BRICOMILES), las cuales se desplegarán en todo el país para dar respuesta a las denuncias presentadas a través del 1×10 del Buen Gobierno”.

Hoy, la capacidad para la defensa cívico-militar de la patria, es una verdad irreversible que demuestra la existencia real y concreta de nuestra propia esperanza en la recuperación total del bienestar colectivo de nuestra población y el país en general.

Es necesario, entonces, que en la comunidad internacional haya coherencia, claridad, unidad y dominio táctico y estratégico del momento histórico y el camino propio para la liberación de nuestros pueblos; cumplir con la tarea histórica de quitarnos de encima un siglo de dependencia y control bajo la hegemonía imperialista norteamericana.

Ubicados en esa perspectiva, es obligatorio alertar sobre los peligros que se generan del pesimismo y el escepticismo, por un lado; y por el otro, las certezas y la confianza sustentadas en el avance y la fortaleza del amor y la esperanza. En términos generales, éste es el dilema histórico de este tiempo.

Estamos ubicados, entonces, entre dos polos referenciales e ineludibles, llenos de tensiones, guerras y amenazas contra la vida, los equilibrios necesarios y el bienestar social imprescindible para la paz y estabilidad del desarrollo integral de nuestras sociedades. He allí la encrucijada, el dilema y los retos de esta época.

En estas circunstancias, es necesario saber y estar claros en que el pesimismo y el escepticismo son formas ideológicas del miedo, el estancamiento, la frustración, el terror y la derrota que el capitalismo, especialmente el imperio norteamericano, ha sembrado siempre en la población. Su objetivo general es sumergirnos en la incapacidad, la impotencia, la resignación, la frustración y el ensimismamiento individualista para que no haya resistencia ni lucha colectiva de las comunidades y los pueblos oprimidos.

El escepticismo y el pesimismo, vistos como actitudes y razonamientos   filosóficos, se identifican dogmáticamente con la duda eterna hacia todas las cosas del ser y el hacer de la condición humana; así mismo, generan la creencia en que la verdad de las cosas no existe y si existiera, no sería de fácil conocimiento para los simples mortales.

Nuestra crítica y rechazo al escepticismo y el pesimismo, se explica y justifica en el hecho real y concreto de que son razonamientos y prácticas que todo lo ven desde el lado malo, difícil, simplista y negativo de la dinámica histórica de la sociedad y la cultura.

En consecuencia, anclarse permanentemente en la desconfianza y la duda, nos conduce a la nada; mientras los enemigos de nuestros pueblos y naciones no imperialistas, nos imponen sus “verdades”, sus lógicas dogmáticas, alienantes y perversas para justificar su dominación y crímenes contra la humanidad, tal como ha sucedido y sucede hoy, en cada una de las naciones acosadas y destruidas por las guerras que planifica, impone y sostiene el imperio decadente de EEUU.

El escepticismo y el pesimismo filosófico, se identifican, debaten y reducen negativamente en la duda metódica y, de alguna manera, en la duda existencial entre el ser alguien o algo en la vida; o ser simplemente la nada. Así mismo, predican que no hay verdad objetiva, porque la verdad de los fenómenos de la vida y de las cosas, simplemente no existe; y de existir no es sencillo ni fácil conocerlas.

En consecuencia, para el escepticismo y el pesimismo, tiene más valor e importancia, la llamada felicidad del espíritu, entendida como paz íntima y personal del individuo; que la felicidad y la paz colectiva, compartida y socializada en las comunidades en todos los niveles de la vida familiar, comunal, regional, nacional, continental y universal.

Es obligatorio decir que ambas posturas terminan irremediablemente en el reduccionismo del goce individualista e insensible al dolor colectivo o en la frustración traumática que reduce y simplifica el yo existencial, escéptico y pesimista.

 

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En paralelo, la alternativa de vida representada en la esperanza individual y colectiva de los pueblos, nos ayuda a unificar las fuerzas y los esfuerzos para superar las dificultades de la pobreza y el subdesarrollo, las agresiones y ataques económicos, la manipulación mediática, el intervencionismo, las amenazas de las invasiones y la imposición de guerras sucias y suicidas para destruir a los débiles y fortalecer a los poderosos.

La nueva realidad del mundo, nos dice que la esperanza y el bienestar social son hoy una realidad espiritual y material, imaginaria e histórica, teórica y práctica, subjetiva y objetiva, puesta en marcha por los pueblos del Asia, América Latina, el Caribe y demás comunidades de Europa y África.

Estamos presenciando el proceso de agotamiento y crisis de decadencia indetenible del imperio criminal y genocida de los Estados Unidos de Norteamérica y su ya agotada y extemporánea doctrina Monroe que, desde hace doscientos años, generó auge, progreso y poderío para ellos; pero, desgracias, dominación, invasiones y agresiones contra Nuestra América.

Para cerrar, debemos decir que, afortunadamente, la esperanza y el bienestar colectivo de la humanidad, ya no son las quimeras de los siglos pasados ni las utopías de la modernidad. Ahora son la realidad tangible y palpable de los pueblos con gobiernos populares, revolucionarios, patrióticos, anti imperialistas.

Hoy más que nunca la esperanza sobrepasa los vientos y mareas putrefactas del Norte, al tiempo que se fortalece y avanza en Cuba y demás islas del Caribe; en Nicaragua, Venezuela, Bolivia, México, Argentina, Chile, Colombia y Brasil. Por eso, el presente sigue siendo de unidad, lucha, batalla y victorias contra las élites y sus potencias militares, porque el futuro ya es de nuestros pueblos.

 

Christian Farías / Ciudad Valencia