No se aceptan devoluciones es una de esas películas que te hace reír, llorar y replantearte cosas —todo en un solo golpe—. Eugenio Derbez nos dirige y protagoniza esta historia llena de muchísimas emociones y que está dispuesta a tocarnos cada una de nuestras fibras, también nos hará reflexionar algunas cosas y replantearnos otras.

No se aceptan devoluciones

 

Una nueva aventura

Valentín es un tipo que vive en Acapulco, medio vividor, irresponsable, más preocupado por conquistar chicas que por sentar cabeza. Un día, de la nada, aparece una ex con una bebé en brazos y le dice que es su hija… y se la deja. ¡Literalmente! Le deja a la niña y se va. Y ahí empieza el verdadero viaje.

No se aceptan devoluciones

 

Transformación emocional de Valentín

Valentín al principio es un adulto que nunca maduró. Vive como si tuviera 20 años, evitando responsabilidades. Pero cuando le dejan a Maggie, no le queda otra que asumir un rol completamente distinto.

¿Y sabes qué es lo más lindo? Que su paternidad no nace del deber, sino del amor. No es que se queda con Maggie porque “debe”, sino porque se enamora de ella. La empieza a querer más allá del miedo, de sus limitaciones, de todo.

Ahí hay algo muy humano: muchas veces maduramos por amor a alguien más, no por presión externa. Y Valentín es el reflejo de eso.

 

Hablemos de Maggie: la niña que salvó al padre

Maggie es una bomba de ternura. Pero más allá de eso, es un catalizador emocional. Ella lo salva. Literal. No sólo lo obliga a ser padre, sino que lo convierte en una mejor persona.

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Desde lo psicológico, Maggie representa el punto de conexión de Valentín con su parte más pura y vulnerable. Él, que era todo fachada y coraza, baja todas las defensas cuando empieza a criarla. Aprender a ser padre es también una forma de sanar sus propios traumas de infancia.

Porque ojo, ¡Valentín también tiene una historia! Su propio padre era temerario, lo lanzaba a situaciones peligrosas (recuerdo esa anécdota del puente), y nunca lo protegió realmente. Entonces, al criar a Maggie, él está reparando algo que en su infancia quedó roto. No quiere que ella pase por lo mismo. Ser papá se convierte en su terapia.

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El gran giro (y el golpe al corazón)

Y cuando ya estás con la sonrisa puesta, viene el golpe bajo: Maggie tiene una enfermedad terminal. Y todo lo que Valentín había construido como su “fantasía segura” —esa vida juntos, esa burbuja donde ella era feliz— se derrumba.

Ese final no es solo trágico, es demoledor. Pero también es profundamente humano. Porque nos muestra cómo una persona puede vivir negando la realidad para proteger a alguien que ama. Valentín crea un mundo para Maggie, lleno de aventuras, de magia, y hasta le miente sobre su madre… porque quiere que su infancia esté llena de alegría, no de abandono ni de miedo.

Y cuando todo se revela, cuando sabemos que Maggie va a morir, entendemos que todo lo que hizo Valentín fue su manera de amar desesperadamente, de sostener lo insostenible con tal de que ella fuera feliz hasta el último segundo.

 

Un toque psicológico

Negación como mecanismo de defensa: Valentín niega la enfermedad de Maggie y crea una vida fantástica a su alrededor. Es algo que pasa mucho en la vida real. A veces, para soportar el dolor, el ser humano prefiere creer una mentira hermosa que enfrentar una verdad desgarradora.

Pérdida y apego seguro: Maggie, a pesar de estar enferma, es una nena feliz. ¿Por qué? Porque tuvo un vínculo seguro, amoroso y constante con su papá. Eso le dio un sentido de bienestar que fue más fuerte que su enfermedad.

No se aceptan devoluciones

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Miedo al abandono: La película también toca este tema desde el lado de los dos personajes. Valentín, abandonado por su ex con una bebé; Maggie, que podría haber sido abandonada por su padre, pero no. Eso genera una narrativa muy fuerte sobre cómo el amor puede romper el ciclo del abandono.

En resumen, ¿es una película “seria”? No del todo, pero te rompe el alma si te dejas llevar. Tiene comedia, sí, pero debajo de esa risa hay una carga emocional muy intensa. ¿Manipuladora? Un poco, sí. Usa recursos para hacerte llorar. Pero, ¿y qué? ¡Funciona! Porque lo que te hace sentir no es barato, es real. ¿Te deja pensando? Totalmente. Sobre ser padre, sobre las formas de amar, sobre enfrentar la muerte… y sobre cómo muchas veces las personas más “improbables” resultan ser las más valientes. Así que tómense el tiempo de disfrutar de esta historia y, como siempre les digo: “Si no la han visto, véanla, y si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene pérdida de nada”.

No se aceptan devoluciones

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Isabel Londoño-columna El Rincón CinéfiloIsabel Londoño, egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.

Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis. Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.

 

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