Mujer feminismo y literatura

Mucho se habla de esa nueva moda que intenta descalabrar al mundo, ese fantasma que, al igual que el socialismo, vino a acercarnos al más detestable de los principios: la igualdad. El feminismo en boca de todos y todas, el feminismo para ser bandera que se alza o se despedaza, pero siendo tema a la orden de día al fin y al cabo.

Pocas revoluciones o movimientos han sido objeto de tan descomunal ataque por parte de la gendarmería comunicacional  e institucional, con un énfasis particular en lo que va de siglo, como el movimiento feminista. Frenar a las mujeres se ha colocado como punto obligado en la agenda imperial y esto se debe a que, precisamente, el capitalismo, como ningún otro sistema económico, ha logrado emerger, consolidarse, robustecerse y ampliar su control a partir de la confiscación de los derechos y garantías de las mujeres; estamos hablando de la mitad de la población mundial o un poco más, la que en situación de vasallaje ha permitido la acumulación obscena de grandes capitales y la reproducción de la lógica más rapaz que la humanidad haya conocido.

Uno de las cosas a lamentar sobre tan vigoroso ataque hacia el movimiento feminista es el escaso abordaje crítico en torno a la construcción teórica y orgánica que ha logrado hasta hoy sostenerlo. De manera que el prejuicio es el travesaño esencial de cualquier posicionamiento en contra y, como es sabido, más peso tiene un prejuicio que una idea. Es decir, existe un debate profuso y a su vez muy superficial. Y es que precisamente ese abordaje tangencial es producto de la misma subestimación a las ideas o formulaciones de las mujeres, las cuales son desestimadas porque la verdad masculina asimilada está dotada de una infalibilidad y suficiencia irrefutables.

Una de las revoluciones de mayor amplitud y trascendencia en la historia de la humanidad es, sin duda alguna, la llevada a cabo por las mujeres en favor de su propia liberación. Se trata de una larga historia de resistencia que ha buscado revertir el orden social patriarcal, en el cual la mujer ha sido históricamente explotada, oprimida e invisibilizada. Una expresión de esa resistencia ha sido el movimiento feminista que, desde los elementos teóricos que le sirven de base, ha generado ideas y acciones por un cambio en las relaciones sociales que conduzca a la liberación de la mujer, a través de la eliminación de jerarquías y desigualdades entre los sexos.

El término feminismo es de creación reciente; apareció luego de las primeras manifestaciones históricas  por la defensa de los derechos de las mujeres. Sus orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII cuando tienen lugar dos hechos determinantes en la consolidación de la sociedad moderna occidental.

El feminismo es, por lo tanto, el resultado de una contradicción propia de la sociedad moderna capitalista, puesto que, la proporción en aumento de las mujeres en el mundo de la producción no compaginaba de ninguna manera con su persistente discriminación en la sociedad, el matrimonio y el Estado. Aunque la discriminación de la mujer es anterior al capitalismo, este sistema reafirma y fortalece el poder patriarcal cuando la excluye de los principales derechos ciudadanos como: la propiedad, la ciudadanía, la educación, entre otros. Pertinente traer las palabras de Mariátegui cuando afirmó: Con la burguesía las mujeres quedaron  mucho más eliminadas de la política que  con la aristocracia. La democracia burguesa es exclusivamente masculina. Dicho de otra manera, al ser despojadas de la esfera política, las mujeres se quedaron sin la capacidad de decidir, no solo en el espacio público, sino, más todavía, en el privado.

La antropóloga venezolana Iraida Vargas, empleando su admirable capacidad de síntesis, lo formula de la siguiente manera: Aunque el capitalismo no inventó el patriarcado, su advenimiento ha traído consigo la profundización de todas las desigualdades heredadas, que ya existían en la sociedad, pero lo más importante, ha creado nuevas de manera continua.

 

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Cabe adicionar, entonces, que no es un asunto del pasado el sometimiento de las mujeres, de la misma manera que no es una moda el sostenido avance del movimiento de las mujeres en todo el mundo y la sumatoria masiva a sus agendas orgánicas, con sus distinciones y matices específicos para cada grupo o particularidad geográfica. Esto se debe a que no existe mujer en el mundo actual que no sufra, al menos una, de las múltiples violencias con las que el patriarcado se expresa.

Existen, a pesar de la conquista gradual y significativa de derechos, suficientes elementos para afirmar que todavía estamos lejos de una sociedad con igualdad plena y sustantiva para las mujeres, estamos lejos de la temida e infundada profecía de un mundo para las mujeres; el ardid mas esclerosado con en el que cuentan las posturas más reaccionarias y frente al cual es necesario decir: el feminismo no es una moda, es una necesidad histórica.

 

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María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Forma parte del Frente Revolucionario Artístico Patria o Muerte (Frapom) y es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.

PREMIOS

Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.

PUBLICACIONES

Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).

 

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