María Alejandra Rendón, autora de la columna Nos (Otras)-Venezuela-béisbol-fútbol
María Alejandra Rendón, autora de la columna Nos (Otras)

«Navidad Mundial», por María Alejandra Rendón Infante

 

La imagen icónica de Messi cargado en hombros por sus compañeros de equipo, ya se había paseado por nuestra imaginación, acompañada del más ferviente deseo de que llegara a ser el cuadro de una foto histórica que ocupara las primeras portadas y nuestras memorias para siempre.

Messi-Mundial-KUN-portada

Luego de un mundial controvertido, anómalo por sus resultados preliminares y en el que la selección Argentina no comenzó con números que permitieran asegurar de forma efectiva su pase a octavos de final, tal hazaña fue posible.

Luego de 36 victorias la selección Argentina realiza un debut con resultado sorpresivo, el combinado albiceleste reedita lo que fue su derrota frente a Camerún en 1990 en el primer partido siendo la portadora del título mundial.

También la derrota frente a Arabia Saudita la convierte en la segunda selección que se corona tras ser derrotada en su primera disputa; la otra en lograrlo fue España en 2010.

Pero más allá de los números, dado que no soy experta en futbol, quiero por esta ventana expresar mi enorme emoción por varias razones: en primer lugar por el extraordinario hecho de que la copa vuelva a América Latina; el mismo continente donde se alzó por primera vez en manos de la legendaria selección uruguaya.

La otra razón es la merecida victoria que permitirá a Argentina bordar una tercera estrella en su camiseta, haciendo demostración de la calidad vigente del futbol nuestroamericano, porque sí, también es una victoria nuestra, sentida, celebrada y admirada.

El retiro, ya anunciado, de Messi tras haber cristalizado su mayor sueño es algo reconfortante. El mejor jugador de la historia – junto al Diego, claro está-  se retira siendo campeón, capitaneando a la selección que hizo posible la final más emocionante de la historia, después de la de 1986.

El partido se había anunciado como Kilyan Mbappé vs. Messi. La estrella francesa, porque lo es, estaba también preparada para levantar la copa en el ya declarado ocaso de la carrera deportiva del número 10 argentino y del número 1 en el mundo. Estaba listo para prolongar por cuatro años más el reinado de Francia, listo para que el único lauro faltante en la impecable carrera de la pulga no fuera posible, y más que listo para ser el sucesor de Messi con dos campeonatos consecutivos en una ya exitosa y prometedora carrera deportiva contando apenas con 23 años.

Esa lacónica sentencia de que “un juego no se acaba hasta que se acaba” nunca fue tan cierta y vaya que nunca la pelota fue tan redonda. Luego de 79 minutos en el que una compacta y vigorosa selección Argentina tuvo el balón y los aplausos de manera casi exclusiva, en la piernas de Mbappé, se concentró toda la adrenalina que faltaba para no fuese una final cualquiera. Dos goles en menos de dos minutos pusieron al mundo en vilo y arroja a ambas selecciones a la prorroga más emocionante que final alguna haya tenido. Taquicardias, llanto, ingesta de uñas, gritos y largos silencios se apoderaron de muchos espacios.

Ya para el segundo tiempo, la ausencia de Di María era notable. Ese muchacho hermoso que también se retira de las galas mundiales y que se agigantó como ninguno en el primer tiempo, expresaba una impotencia que lo sobrepasaba en la banca desde donde intentaba alentar al resto del equipo.

El segundo gol de Messi en el minuto 109 parecía el final de una muerte a palos que representó tal zozobra, pero luego apareció Mbappé desde el punto penal para poner los hierros al rojo vivo y llevar el partido a los indeseables 11 pasos en el que  entre un balón y un arco  se define todo.

Este será un mundial memorable por otras varias razones: Un Messi haciendo historia y devolviendo la copa a América Latina, tras las destempladas y temerarias declaraciones de Mbappé sobre el futbol de la región y la supuesta supremacía europea, es una de tantas y, quizá, la que oferta un plus adicional a la victoria. 64 partidos que rompieron con los pronósticos y nos pusieron frente resultados anómalos, talentos emergentes y fuera de toda horma estadística, es también una razón para asegurar que las trayectorias no son la única razón para ganar, hay que jugar y hacerlo bien. Las matrices y arengas que formaron parte de agendas políticas occidentales, así como las innumerables polémicas extradeportivas fueron elementos que matizaron la percepción que hoy se tiene del recién culminado torneo más importante del mundo deportivo.

En lo personal, estoy más que conforme con la actuación de una selección argentina que acaricia merecidamente la gloria que una vez el Diego hizo posible en 1986 y que, además, vaticinó respecto a Messi; paisano a quien consideró el mejor del momento y le auguró el escenario que hoy lo encumbra.  Si Diego hubiera estado allí para ver ese espectáculo, habría ocupado un lugar especial entre los hinchas y seguramente llorado de amor mientras carga en hombros a ese muchacho disciplinado, consecuente y fenomenal que es Messi.

Por lo tanto, es la victoria de Argentina, pero, a su vez, es la de Latinoamérica; es la de Messi, pero también de un equipo que hacía mucho no lograba construir una comunión mística para hacer un futbol de altísimo nivel; es de un Di María dispuesto a sostener el balón en todo momento con emoción, efectividad y clarividencia, como un mago haciendo gala de su experiencia. Fue también la final que registra el despegue de varias promesas deportivas; un encendido y creativo  estratega como Julián y un aplomado Emiliano Divu  Martínez, por ejemplo, como el mejor guardametas, quien celebró a su estilo el bloqueo del segundo penal, pero, además, dio de qué hablar tras frustrar un gol en el minuto 120, pero sobre todo por menear el guante de oro entre los genitales frente al Emir de Qatar; hecho que aun da de qué hablar, para bien y para mal.

Es también la final de una generación gloriosa que se retira de la cancha y deja un seleccionado dispuesto a seguir defendiendo una tradición futbolística que hoy ocupa la palestra, hecho que quedó lo demostrado y para la historia, no frente a un micrófono, precisamente, sino en la cancha.

Argentina es campeona tras haber derrotado a una Francia que ostentaba el título. Ser campeones tras vencer a los campeones es, sin duda, la mayor proeza y lo que deja sin  lugar a cualquier duda y cualquier mezquindad.

Viva Messi y la selección argentina! Feliz navidad!

 

MÁS DE NOS (OTRAS): «Amor trágico»

 

***

 

María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Forma parte del Frente Revolucionario Artístico Patria o Muerte (Frapom) y es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.

PREMIOS

Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.

PUBLICACIONES

Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).

 

 

Ciudad Valencia