Palabras ambivalentes y palabras contradictorias… Cuando se habla de alquilar un espacio, puede hacerse desde la perspectiva del propietario o intermediario de dicho espacio y también de la del inquilino. Por eso resulta confusa la frase Pedro alquiló una habitación a Juan, pues en la misma no se expresa quién le alquila la habitación a quién, si Pedro a Juan o viceversa.
Debido a esto, antes de decir una frase como la anterior, siempre anticipamos o agregamos la información adicional que permite entender a nuestros interlocutores lo que les queremos comunicar. Así, en lugar de Pedro alquiló una habitación a Juan, decimos algo como En su casa, Pedro le alquiló una habitación a Juan o Pedro le alquiló en su casa una habitación a Juan.
Curiosamente, otra palabra española que también tiene significados ambivalentes se refiere a alquileres. Se trata del sustantivo huésped, que alude tanto a la persona que hospeda como a la que solicita o recibe el hospedaje.
En el ya tantas veces citado Diccionario de la Lengua Española, aparecen como primera y segunda acepciones del vocablo huésped las siguientes: persona alojada en casa ajena y persona alojada en un establecimiento de hostelería. Pero también figura esta otra acepción: persona que hospeda en su casa a otra.
Por otra parte, hay palabras cuyos significados se oponen entre sí. Dos ejemplos: álgido y enervar. Álgido proviene del vocablo latino algidus, que se traduce literalmente como frío. Antiguamente, álgido se aplicaba al momento en que, en un estado febril, la fiebre se manifestaba con menor intensidad, es decir, cuando el cuerpo enfermo estaba menos caliente.
Desde hace siglos, el término álgido se ha venido aplicando también al momento culminante de un proceso social o político, esto es, al momento que se considera más caliente de dicho proceso. Así las cosas, el vocablo álgido define en la actualidad tanto al período más frío de un proceso febril, como al momento más cálido de un proceso social o político.
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Algo parecido ocurre con el verbo enervar. Este proviene de la palabra latina enervare, que se traduce por quitar nervio o, lo que es lo mismo, tranquilizar. Posteriormente y por asociación de ideas, enervar pasó a tener también los significados de debilitar y quitar fuerza a un argumento.
En nuestros días, el verbo enervar ha pasado a significar todo lo contrario de lo que significó en sus orígenes, pues ahora lo usamos para indicar que algo o alguien nos pone nerviosos. El mismo vocablo presenta tres acepciones en el Diccionario de la Lengua Española: la ya señalada de debilitar y quitar fuerza a un argumento; tranquilizar y también poner nervioso.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor Gerardo Rosales












