“El deseo es un pájaro que sangra en la jaula del adiós”
La literatura erótica ha sido, desde sus orígenes, un territorio de controversia y fascinación. Entre quienes la consideran un arte que celebra el deseo y quienes la tachan de vulgaridad, lo cierto es que este género ha acompañado a la humanidad desde los rituales antiguos hasta las novelas contemporáneas. Escribir el erotismo es escribir la piel y sus metáforas: un lenguaje que no solo describe cuerpos, sino que revela la libertad, la transgresión y la imaginación.
Raíces históricas
– Antigüedad: El Kamasutra en la India y los versos de Safo en Grecia muestran cómo el erotismo se vinculaba con lo espiritual y lo poético.
– Renacimiento y Barroco: Obras como El Decamerón de Boccaccio integraron deseo y crítica social, mientras que poetas como Ovidio exploraron la pasión como transformación.
– Siglo XVIII: El escandaloso Marqués de Sade con Las 120 jornadas de Sodoma y John Cleland con Fanny Hill marcaron el tránsito hacia una literatura explícita y desafiante.
Voces clásicas y modernas
– Anaïs Nin: Con sus diarios y relatos, convirtió el erotismo en un espejo íntimo y poético.
– Henry Miller: En Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, el deseo se mezcla con la bohemia y la libertad.
– Erica Jong: Su novela Miedo a volar abrió un espacio para la sexualidad femenina en la literatura.
Las escritoras contemporáneas
Hoy, el género se ha renovado con voces femeninas que rompen tabúes y ofrecen perspectivas diversas:
– E.L. James (Cincuenta sombras de Grey) llevó el erotismo al mercado masivo.
– Sylvia Day y su serie Crossfire exploran la pasión con intensidad emocional.
– Megan Maxwell, autora española, combina romance y erotismo con frescura.
– Audrey Carlan (Calendar Girl) propone una visión moderna y liberada del deseo.
Más allá del placer
La literatura erótica no es solo narración de cuerpos: es también un espacio de poder, vulnerabilidad y liberación. Al escribir el deseo, los autores y autoras nos invitan a cuestionar normas sociales, a explorar la intimidad y a reconocer la pluralidad de experiencias humanas. En este sentido, el género se convierte en un espejo de nuestra cultura y en un acto de resistencia contra la censura.
En Ciudad en Verso y Prosa, la literatura erótica se celebra como un arte que dignifica el deseo y lo convierte en palabra. Desde Safo hasta Megan Maxwell, desde el Marqués de Sade hasta Anaïs Nin, cada autor y autora nos recuerda que la piel también se escribe, y que el erotismo, lejos de ser un tabú, es un lenguaje universal de libertad y belleza.
Poema E o La piel del divorcio
Me arrancan de tu piel
como quien desgarra un silencio.
La cama aún respira tu sombra,
un animal desnudo que me muerde.
No quise este adiós:
Es un látigo de espejos rotos,
es la lengua que me nombra
y me abandona en la ceniza.
Tu ausencia se abre en mi cuerpo,
como un rito erótico y cruel:
me desnudo frente al vacío,
y el vacío me penetra.
JLTB.
Micro Obra de Teatro: El divorcio no deseado
Personajes:
– María: mujer que resiste la ruptura, cuerpo atravesado por la memoria del deseo.
– José: hombre que firma la separación, pero cuya piel aún arde en la unión.
Escena única
(La escena está en penumbra. Una cama desordenada ocupa el centro. En el aire, papeles de divorcio sobre una mesa. Se escucha un reloj que marca el tiempo como un verdugo. María está sentada en el borde de la cama, José de pie, con el documento en la mano.)
María
—No es la ley la que me arranca de ti, José.
—Es un verdugo invisible que me desgarra la piel.
—Mira: aún tiembla tu sombra en mi cuerpo.
José
—María… el papel dice que somos dos extraños.
—Pero cada vez que te miro, me hundo en tu silencio.
—No quise este adiós, pero el mundo nos obliga.
María
—El mundo no sabe de cuerpos.
—El mundo no entiende que el deseo es un pacto secreto.
—¿Quién puede separar lo que arde en la piel?
(María se acerca y acaricia el rostro de José. Sus dedos bajan lentamente por su cuello, como si quisieran memorizar cada línea de su cuerpo. José tiembla, la toma de la cintura y la acerca con violencia contenida.)
José
—Somos fugitivos de nuestra propia historia.
—Cada caricia es un crimen contra el vacío.
—Tu boca aún me incendia, aunque la condena esté escrita.
—Pero al amanecer, seré un hombre sin nombre,
—y tú, una mujer tatuada por mi ausencia.
(María lo besa con furia, como si quisiera borrar la firma antes de que exista. El reloj suena más fuerte. José se aparta, toma el documento y lo firma. La pluma suena como un disparo.)
María
—El divorcio es un fantasma.
—El divorcio no existe en la piel.
—Solo en la ceniza de las palabras.
(José se marcha lentamente. María queda sola, abrazando la sábana como si fuera un cuerpo vivo. La luz se apaga, dejando apenas un resplandor sobre los papeles firmados.)
Epílogo
(La escena vuelve a iluminarse tenuemente. María está sola en la cama. Se desnuda lentamente, como si quisiera invocar la presencia de José. Sus manos recorren su cuerpo con la memoria del último encuentro. Cada gesto es un rito erótico contra la ausencia.)

María
—Tu sombra aún me ama.
—Tu silencio aún me besa.
—El divorcio es un papel muerto,
—pero mi piel sigue ardiendo contigo.
(María se recuesta, cierra los ojos y sonríe con dolor. La luz se extingue por completo, dejando la escena en un silencio ritual.)
Troconis
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La pluralidad de la cultura venezolana (3) | Arnaldo Jiménez
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José Luis Troconis Barazarte: El sembrador de lenguajes
Artista, ceramista, narrador y docente, José Luis Troconis Barazarte ha hecho de la interdisciplina su firma. Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca y la Bircham International University, con maestría en Artes Visuales y Escénicas (Strayer College, D.C.), su rigor académico se funde con la pasión de quien vive el arte como destino.
Su huella institucional destaca como exdirector de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador en la Alianza Francesa de Valencia. Al frente de CEINFOLEIM, convierte la enseñanza de siete idiomas, la música y la literatura en un rito de creación permanente, impulsando movimientos de vanguardia como Cacao Tekisuto y Talicre. En este diario, Ciudad Valencia, da vida semanalmente a su columna «Ciudad en Verso y Prosa«, un espacio que define su presente creativo.
Reconocido con la Bienal Internacional Vicente Gerbasi (2017) y distinguido en Atenas como Mejor Escritor del Año 2024-2025 por el Ministerio de Cultura de Grecia, su obra honra una herencia mediterránea que trasciende fronteras. Autor de títulos como Empáticos, Cartas a la Soledad y El Evangelio de Caperucita, prepara para este 2026 una ambiciosa serie editorial que incluye Yo sí creo en Dios, Om Seti y Lilith.
Médico internista, intérprete de lengua de señas, pianista y director coral, Troconis entiende la sanación y el arte como un mismo gesto de revelación.
“Escribe como quien borda: con barro en los pies, cielo en la lengua y fuego en la voz. Es el poeta que escucha lo que otros callan y traduce el silencio en tinta viva.”
Antonio V. Díaz B.
Ciudad Valencia/RM













