Cada vez que se aproxima el cumpleaños de una de las amigas del grupo, comienzan las averiguaciones para escoger un lugar que nos guste a todas. La próxima en cumplir soy yo y, para no perder la costumbre, me acerqué a ese café que está en el centro de Guacara y que tanto nos agrada.

No vi a mi amiga y supuse que llegaría pronto. Le pregunté a la muchacha detrás del mostrador por Yanet y me dijo: “La administración cambió, ya ella no trabaja aquí”. “No puede ser posible”, dije con los ojos pelaos, “¿Cuándo, cómo y por qué?”… “Solo soy la empleada, creo que ella está trabajando desde su casa”, me comentó apenada. “Tranquila, me pondré en contacto con ella, gracias”. Di media vuelta y salí a la calle.

De inmediato me comuniqué con el grupo y les comenté la triste verdad de nuestros chocolates o del café sabroso. Ahora a buscar otra “chocolatera”, dijimos al unísono.

 

DE LA MISMA AUTORA: PASEANDO POR LOS TEQUES

 

En los días siguientes, Adriana me comentó que cerca de donde vivo hay un lugar bastante acogedor donde solo venden derivados del cacao. Al darme las señas de la ubicación, recordé haber pasado delante de una puerta pequeña de vidrio, pero ignoraba de qué se trataba el negocio. Siempre transito de prisa al retornar del centro; voy con tanto cansancio que evito detenerme para no perder el impulso en mi recta final.

CEGAVEN-empanadas de sardinas-preparación b

Encontré el lugar donde sirven chocolate caliente de distintas maneras, lo que para nosotras es la gloria. Les comenté que pasaría por el negocio y preguntaría “todo”. Cuando llegué, el sitio estaba cerrado; apenas eran las once de la mañana y me sentí triste. Sin embargo, un señor venía saliendo del portón de al lado. Le pregunté si conocía a los dueños de la chocolatera y resultó que él formaba parte del negocio. Me invitó a entrar diciéndome:

—Pase, la pondré a hablar con la mismita dueña para que le explique todo sobre el lugar.

Al traspasar el portón me encontré con un majestuoso chaguaramo y una amapola, ambos muy altos, contrastando con un cielo azul moteado de nubes copiosas. Avancé por un caminito bordeado de flores y, como si un duende me llevara a las profundidades de una cueva, llegué encandilada a donde alguien, amablemente, extendía su mano para saludarme mientras el señor le explicaba quién era yo.

Comencé a hablar con ella explicándole qué me traía allí. “Aunque, si le soy sincera”, le dije, “nunca pensé estar frente a usted, sentada tomando un vaso con agua”.

Muy amable, me respondió:

—Tranquila, vamos a hablar.

Allí comenzó la magia de sentir que nada es casualidad y que no podía salir de esa casa sin intentar hacerle una crónica. Encontré a una mujer con mucho conocimiento de nuestra Guacara, del cacao, del café, de la gastronomía y de la historia pasada y presente. Ella, de inmediato, aceptó encantada.

A los dos días fui a visitarla en la Academia Gastronómica CEGAVEN para que me contara cómo se inició en el área culinaria y de la chocolatería. Ella se llama Karelis Emperatriz Canelón González, quien cristalizó su sueño más anhelado: el tener una escuela de cocina reconocida y respetada.

Mientras esperaba su llegada, la profesora Yusbelin Bolívar trajo empanadas de sardina acompañadas de una delicia de ensalada mixta y, lo que no puede faltar si de empanadas se trata, crema de ajo. Se podrán imaginar los sabores chispeantes de cada una de estas exquisiteces, coronadas con un rico café negro.

empanadas de sardinas b

Primero me dieron un recorrido por las instalaciones, repletas de gente joven en su mayoría. El señor Javier Romero, coordinador de bienestar estudiantil y —según nos contó— uno de los fundadores de la prestigiosa escuela gastronómica, fue el encargado de presentarme ante los profesores y alumnos que allí se encontraban.

La primera especialidad fue “Dulcería típica venezolana” y la segunda, “Panificación artesanal”. En el área de “Cocina mediterránea” estaban en pleno examen; aproveché ese momento para tomar algunas fotos. La mesa lucía hermosamente vestida, adornada con diversas banderas, mientras la ponente se dirigía a su profesor y compañeros con una seguridad aplastante.

Karelis Emperatriz Canelón González llegó a la cita luciendo su flamante «filipina» y comenzamos a conversar:

 

Nací en Guacara en 1964. Igualmente mis padres, abuelos y bisabuelos. Mi tatarabuela llegó en 1874 al sector La Florida, que anteriormente se llamaba “Los pozotes” porque había muchos pozos y sapitos; era normal decir: «Yo vivo en Los Pozotes». Podemos decir que hemos estado cinco generaciones en esta esquina.

El porqué CEGAVEN fue mi sueño se debe a que vengo de unas abuelas que vivían del comercio; de vender empanadas, arepas, dulcería típica y comida venezolana. Mi abuela criaba ovejos, gallinas y cochinos, los cuales se aprovechaban tanto para el sustento de la familia como para la venta. Ella llegó a vender oro y relojes, pero también ofrecía lo que cualquier hogar podía necesitar para su despensa. Su negocio se llamaba “La bodega El Clavel».

Nosotros comenzamos como Centro Gastronómico Arte Nuevo. Yo venía de trabajar en la Universidad de Carabobo y sentía que la gastronomía, tras la llegada de las computadoras, del Windows 95, del internet y de las antenas parabólicas —que nos mostraban programas de cualquier parte del mundo, especialmente los de cocina—, se transformaría en un “Arte Nuevo”, y así fue. Por esa razón le puse ese nombre.

chef Karelis Canelón b

Luego llegaron varias resoluciones del Ministerio de Educación que nos llevaron a cambiar el nombre por algo propio, venezolano; me dije “será Venezuela” y así comenzó a llamarse CEGAVEN.

Este año estamos cumpliendo veinticinco años de vida. Todo comenzó un 16 de septiembre del 2001, cuando iniciaron las clases según el Ministerio de Educación. Nuestra primera sesión fue el 18 de septiembre. Se puede decir que CEGAVEN fue la primera academia registrada ante dicho ministerio en el estado Carabobo, y la segunda a nivel nacional.

Para el que quiera ingresar en nuestra escuela, al estar registrados ante el Ministerio de Educación, debemos cumplir ciertas normas importantes, como es el caso de la edad porque también nos regimos por la Lopna. Yo te podría decir que acepto a niños de siete o nueve años, porque todos sueñan con ser chefs, pero solo a partir de los dieciséis años se les permite el ingreso. Recuerda que manipularán objetos cortantes y otras herramientas que a menor edad no están permitidas.

Hasta ahora, hemos entregado 11 mil 118 certificaciones, contando la promoción que tuvimos en diciembre… Siempre hay momentos jocosos que dejan recuerdos. En cuanto a las peripecias en la cocina, ¿qué te puedo decir? Algunas veces se les ha pasado la mano con la pimienta, el chile o el picante porque los muchachos aún no conocen bien los ingredientes.

Tenemos dos especialidades registradas ante el Ministerio de Educación: Dulcería típica venezolana y Cocina venezolana. Por eso, me gustaría darles a tus lectores una receta muy fácil de preparar que viene de mi abuela. Me considero cultora porque, al parecer, soy la única que la elabora. Nosotros tenemos un recetario para los días de Cuaresma, una época en la que aquí se consume mucho el arroz con coco y la “Mala Rabia”.

 

Receta tradicional: Mala Rabia

Ingredientes:

  • Plátanos maduros (la concha debe estar completamente negra).
  • Especias dulces: clavitos de olor, ramas de canela y guayabitas.
  • Endulzantes: papelón y azúcar.

Preparación: En una olla se vierte suficiente agua para cubrir los plátanos. Se incorporan los clavitos, la canela, la guayabita, el papelón y el azúcar. Una vez que el almíbar rompa a hervir, se agregan los plátanos cortados en cuadros.

CEGAVEN-clase

Cuando la pectina de la fruta se activa y empieza a brotar una espuma blanca, esta se va retirando con una espumadera; es justo en ese momento cuando surge el dicho popular: «Ya el plátano comenzó a echar la mala rabia».

Tras retirar toda la espuma, el plátano se tornará oscurito y el almíbar comenzará a hacerse melao. Para lograr la consistencia perfecta, se requiere un mínimo de cuatro a seis horas de cocción, dependiendo siempre de la cantidad de plátano que se prepare.

 

Para estos veinticinco años tenemos una primicia: Queremos relanzar el programa académico, innovar, actualizarlo…; lo vamos a lanzar, con el favor de Dios, en septiembre de este año. Daremos una rueda de prensa, cortaremos una gran torta con el número veinticinco e invitaremos a los instructores, porque no es fácil decir: «Estamos cumpliendo veinticinco años, es un aniversario de plata». Además, te digo con orgullo que tenemos estudiantes por una buena parte del mundo.

Me siento muy honrada por este programa gastronómico que se introdujo hace veinticinco años. Pienso que a través de la gastronomía podemos atraer más turismo, tal como Perú y México, países que tienen recetas que han sido nombradas por la Unesco como patrimonio intangible de la humanidad.

 

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Carmen Pacheco-columna Crónicas del peatón-portada

Carmen Beatriz Pacheco (Caracas, 1951) es cronista, dibujante y aficionada al haikú y al microrrelato. Ha participado en el Taller de Lectura y Escritura Creativa del Museo de Arte Valencia (MUVA) con el Prof. Ramón Núñez. También formó parte del grupo CEINFOLEIM, dirigido por el escritor José Luis Troconis Barazarte.

Integra el Laboratorio Narrativo Zuaas en cuyo libro colectivo «Relatos de lluvia (historias que caen del cielo)» (2025) interviene con tres relatos breves. También integra la Escuela Virtual «Historias en Yo Mayor» de la Fundación FahrenHeit 451 (Colombia).

 

Ciudad Valencia/RN/Fotos CP