En el eco de un llanto, en los aplausos del mundo, personas inescrupulosas se golpean entre sí para ver quién clava su colmillo envenenado de odio sobre las víctimas, que es lo mismo que decir el pueblo. Y cuando hablo de víctimas, digo «todos los venezolanos» que sentimos el sacudón que nos dio la tierra, de una u otra manera, o de los que concebimos el dolor de nuestra gente ante tan inesperada sacudida. Este es un tema importante para el gremio de psicólogos del mundo.
A los catorce días de los dos terremotos se puede intentar hacer una especie de balance de lo que siguió luego de que la tierra nos sacó para la calle. Desde mi trinchera, humildemente —y no lo voy a negar, con el miedo de que se repitan los movimientos de la placa tectónica—, he podido observar de qué está hecha la mayoría del venezolano: de arrojo, valentía, entrega, solidaridad y amor; mientras que unos pocos, pero con el poder que les da lo comunicacional, o sea, las benditas «redes», es mucho el daño que han llegado a hacer en contra de su propia gente.

Lo acertado de las autoridades en el primer momento los dejó locos. Mientras nosotros esperábamos la respuesta de las entidades gubernamentales en el rescate y protección de la vida humana y de nuestras mascotas, otros apostaban a que no podríamos salir de esta; y, sin importar el costo en vidas, comenzaron a gritar y a producir falsas noticias.
DE LA MISMA AUTORA: Y LA TIERRA VOLVIÓ A RUGIR
Por el camino del internet —ya que es imposible hacerse presente en el lugar de la tragedia porque estorbaríamos—, he seguido el ritmo de los acontecimientos. Fue pública y notoria la respuesta del mundo hacia Venezuela.
La Cruz Roja Venezolana activó un llamado de emergencia que convocó a miles de estudiantes y profesionales independientes de la salud (médicos, enfermeros, psicólogos y especialistas en rescate prehospitalario), quienes acudieron masivamente por su cuenta a los centros de acopio y zonas de desastre.

El Salvador fue el primer país que pisó nuestra tierra tras los dos terremotos del 24 de junio de 2026. A continuación, le siguieron República Dominicana, México, Cuba, Brasil, Estados Unidos y Francia. Asimismo, a solicitud del Estado venezolano, se activó el Mecanismo Europeo de Protección Civil, sumando la ayuda de España y la República Checa. A este esfuerzo se incorporaron la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Cruz Roja, diversas iglesias y Rusia.
Los aviones con ayuda internacional recurrieron a pistas militares, terminales alternas y a un despliegue de contingencia en tiempo récord, lo que suspendió temporalmente los vuelos comerciales.
La Rampa 4, la zona de la terminal destinada tradicionalmente a vuelos presidenciales y oficiales, sirvió como el principal punto de recepción inmediata para aeronaves militares y humanitarias internacionales. En las pistas paralelas y de rodaje, los obreros venezolanos iniciaron reparaciones a contrarreloj en las franjas supervivientes.
El gobierno activó planes de contingencia para canalizar el tráfico de auxilio a través de una pista paralela de Maiquetía, evitando la pista principal 10L, la cual quedó inhabilitada por deformaciones asfálticas.
Muchas personas llegaron por su cuenta a Venezuela con la sola idea de ayudar a los hermanos venezolanos. Se abrió un puente de solidaridad que jamás habíamos visto en esta tierra sagrada de Libertadores; y es que, en Venezuela, hay un «cachito» de cada país hermano.

En este momento me acabo de enterar de que en El Hatillo, estado Miranda, un caimán se encontraba en uno de los desagües de las tuberías; de inmediato, los entendidos en la materia se apersonaron y rescataron al animal. Aquí nadie se queda por fuera: Venezuela está al rescate de nuestra gente, de los animales domésticos y de los no tan domésticos.
Esta respuesta del mundo me dice que no somos países sin corazón. Los pueblos y sus gobiernos atendieron inmediatamente sin pensar en otra cosa que no fuera ayudar al hermano, tal como siempre lo ha hecho Venezuela.

Los rescatistas internacionales que ya se fueron nos dejaron testimonios de que, en medio del desastre, conocieron de qué están hechos los venezolanos; y eso me llena de orgullo y confianza porque, como dice Desiderata: «Aún con todas sus farsas, penalidades y sueños fallidos, EL MUNDO ES TODAVÍA HERMOSO»… ¡Sé cauto! ¡Esfuérzate por ser feliz!
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Carmen Beatriz Pacheco (Caracas, 1951) es cronista, dibujante y aficionada al haikú y al microrrelato. Ha participado en el Taller de Lectura y Escritura Creativa del Museo de Arte Valencia (MUVA) con el Prof. Ramón Núñez. También formó parte del grupo CEINFOLEIM, dirigido por el escritor José Luis Troconis Barazarte.
Integra el Laboratorio Narrativo Zuaas en cuyo libro colectivo «Relatos de lluvia (historias que caen del cielo)» (2025) interviene con tres relatos breves. También integra la Escuela Virtual «Historias en Yo Mayor» de la Fundación FahrenHeit 451 (Colombia).
Ciudad Valencia/RN/Ilustración de portada: Andreleisart













