“Reynaldo Pérez Só: Poeta de Tocuyito” por Luis Alberto Angulo

0
271
Luis Alberto Angulo-columna Sábado nueva-María Luisa Escobar-Alfonso Rivas Quintero
Luis Alberto Angulo, autor de la Columna de Ciudad Valencia "Sábado"

En Valencia estudia un poeta, que  también escribe breve, conciso y sin ningún adorno. Deberías ir a conocerlo; él está considerado entre los mejores de su generación, se llama Reynaldo Pérez y asiste a la Escuela de Educación de la Universidad de Carabobo. Acércate a Bárbula por la tarde y dile que vas de mi parte. Preguntas allí y te dicen quién es, todos lo conocen”… Esas fueron las palabras de Raúl López Guédez, en Barinitas, que me motivarían a ir a conocerlo.

Aquello fue a finales de los ‘60. Me vine a visitar a mi abuela Rosa y una tardecita tomé un autobús universitario en la avenida Bolívar, cerca del Ateneo, y me quedé en el Arco de Bárbula. La tarde estaba fresca y los estudiantes conversaban en el patio, frente a lo que fue posteriormente la Dirección de Cultura. A mi pregunta, alguien señaló hacia donde se encontraba Reynaldo y, acercándome, le dije: “¡Poeta!”, y él violentamente me respondió: «¿Por qué me llamas así? ¡No me molestes!». No supe qué contestarle y tampoco qué hacer. Se retiró y yo me quedé allí medio estupefacto sin entender nada. Al poco tiempo se acercó y me ofreció disculpas. Dijo que la gente lo molestaba en la calle gritándole así, ¡Poeta, poeta!… “Tú tienes cara de buena gente, disculpa la vaina”.

Así nos amistamos, pero fue compleja esa construcción. No éramos fáciles ninguno de los dos; él asumía su condición radical de maestro y yo la del poeta libérrimo bajo el cielo y sobre la tierra del claro canto de donde venía. Un día me dijo que la amistad verdadera era un reconocimiento a nuestra soledad y desde entonces fuimos amigos con muchos encuentros y algunos desencuentros aleccionadores. Si dejábamos de hablarnos, la conversación fluía en nuestras escrituras en la misma tónica y sin contemplaciones. Poco a poco yo encontré al maestro y también él pudo ver al otro poeta.

 

Reynaldo Pérez Só

La enfermedad y el fallecimiento de mi amigo fraterno y maestro generacional me ha causado una honda pena. Conversando con un pastor cristiano, le dije que me parecía que el sufrimiento indicaba poca claridad en mi visión. Al momento recitó el versículo más breve de los Evangelios: “Jesús lloró” (Juan 11,35), referido a la muerte de Lázaro. Me pareció muy aleccionador el momento. Un pastor cristiano hablando de un judío con un budista. De un judío que me motivó a conocer budismo y cuya obra poética está cruzada por la idea de la muerte en todos los puntos cardinales.

 

El fallecimiento de Reynaldo Pérez le da una dimensión mucho más completa a su obra. Su voz ya no tiene el acento de las opiniones que esgrimía como un consumado espadachín; ahora marcha sola y tiene la fuerza del agua señalada en el Tao.

Reynaldo Pérez Rodríguez nació en Caracas en 1945; se identificaba plenamente con el paisaje del pueblo histórico de Tocuyito, en donde vivió mucho tiempo con sus padres de origen canario. Esa misma tierra, que contempló lleno de hallazgos, cobija ahora sus despojos.

 

LEE TAMBIÉN: «Belandria, J. I: La poesía de la ciencia» 

 

El año 2023 de la era cristiana y 5.783 del calendario judío, bajo una tierra roja de Tocuyito, pueblo de su juventud, dejamos lo que fue su cuerpo y en derredor algunas piedrecitas.

 

SEIS POEMAS DE REYNALDO PÉREZ SÓ *

 

Reynaldo Pérez Só-libro Monte Ávila

19
esta es una silla sólo una silla
en ella
se sentó mi padre mis hermanos todos
mis mejores amigos
ahora está sola sin nadie
una silla
(Para morirnos de otro sueño)

 

cruel hasta el fondo hay
un río en mi memoria
de niño cantaba para desviar el curso
de ese río
pero miraba hacia atrás
el río crecía y me inundaba
ahora ya viejo
junto a las piedras
el río me sacude
mis pies apenas lo soportan
(Tanmatra)

 

XV
todo el imperio
de un hombre se reduce en ir hacia él
la sombra
que sustenta el mástil y el velamen se empeña en colocar otro
lugar
que de donde vaya traiga sus pertenencias
de él sólo viene y de sí
se hincha
ser pobre en el sonido del mueble avejentado
ocaso
del imperio todo rey y substancia
(Nuevos poemas)

 

10
vase el cuerpo la casa
se va también el amigo
ya
abandona aprisa el día sin que entienda
la gravedad del cuerpo
no queda sino la puerta que no se mueve
cuando el día ahora se ha cerrado
(25 poemas)

 

yo amo pero nada significa amar si el cuerpo no se toca
y el palpo no devuelve otro palpo
en infinitivo en conjugado en adjetivo ni yo ni el verbo
nada traducen
haría falta que tú no pensaras en mí
que yo no pensara
en ti
ni te ayudara ni me cuidases ni comiéramos juntos yo amo
fuera una mentira arrojada de la boca a otra boca en forma de saliva
aunque deseada
aunque esa noche la cama y la sábana fueran lo último
(Reclamo)

 

17
a la buena carne carne
nada más se necesita para vivir
un hombre
que al morir no le es útil sino la carne
aunque
si alguno logra entrar en otra tierra
se dará cuenta
que detrás de la carne sólo hay carne
hueco tras hueco o llenar hueco con hueco
así se perfume
la manera
o entibie el paisaje o lo adorne
(Matadero)

 

*Pérez Só, Reynaldo. Solo. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Colección Altazor. Caracas, 2021.

 

***

 

Luis Alberto Angulo [Rivas]. Poeta, promotor, animador cultural, editor literario y articulista nacido el 13 de enero de 1950 en Barinitas, estado Barinas, residenciado en Valencia. Autor de los libros Coplas de la edad ligera (2021), Antología del decir (2013), y La sombra de una mano (2005), publicaciones de Monte Ávila Editores  (Colección Altazor), así como de Fusión poética (2000) en la Universidad de Carabobo; tomos que compilan su obra poética integrada por una veintena de poemarios. Obtuvo el Primer Premio del IV Concurso Internacional de la Revista Poesía (UC). También es premio nacional de poesía Dr. Francisco Lazo Martí del Ateneo Popular de Calabozo y Primer premio de poesía de la Universidad Rómulo Gallegos en San Juan de los Morros. Ha publicado selecciones poéticas de San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Lubio Cardozo y de Ernesto Cardenal (de quién es prologuista de la única edición en vida de su Obra poética completa), así como la antología Rostro y poesía, Poetas de la Universidad de Carabobo.

 

Ciudad Valencia