“Aforismos pedagógicos (VI)” por Arnaldo Jiménez

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Sólo las fallas de hoy me pueden indicar lo que debo hacer mañana.

 

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La escuela exhibe un tiempo que tiende a estar desacoplado del ritmo del tiempo exterior a ella, en éste, los cambios de conductas son rápidos, directos, son más corporales que cognitivos. En el tiempo escolar los cambios de conductas son lentos, coartados en su constancia y mediatizados por la formalidad y la autoridad, y como está involucrado más el nivel cognitivo del sujeto que el cuerpo, éste se sitúa en el tiempo de la calle y del hogar. La mayoría de las veces ofrece una feroz resistencia logrando incluso que lo aprendido de manera intelectual se debilite o se borre.

 

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La escuela no es un escenario del mercado. Lo es de los tanteos del saber; bueno, en el caso de que este saber esté consciente de lo que tiene y no tiene de valor de cambio.

 

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La politización del saber es la negación de la enseñanza.

 

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La paciencia es el arte de esperar que se forme lo que no es aún. La escucha y la palabra trabajan la virtualidad de los seres corporales que se desprenden de nuestra alma, y de las variaciones de ésta expresadas por nuestro cuerpo a lo largo de la vida.

 

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¡Si pudiera escuchar a todos mis alumnos, a fin de que por lo menos me recuerden por eso!

 

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Imposible creer que una misma arcilla creará, al posarse sobre las conductas de los alumnos, un mismo molde. La imagen y la semejanza de Dios rechazan el uniforme, lo idéntico. Dios se reparte en la poliformidad humana.

 

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La inconformidad con nuestra labor no nace de la falta de correspondencia entre ella y el salario que recibimos; sin restarle importancia a la injusticia que esta igualdad utópica significaría, la queja por aquella falta sólo sirve para mostrar lo mediocres que somos, en tanto que esto último es la genuina causa de nuestra inconformidad.

 

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Los objetivos programáticos están sustentados por la certeza cientista, si este fuese el único tipo de conocimiento que le ofreciéramos a los alumnos, éstos se formarán una idea fragmentada del mundo.

 

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Por la poesía se llega sin mucho tropiezo, salvo los obstáculos de la propia alma, al misterio de la realidad. Un gran signo de admiración.

 

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Seguramente un buen maestro debería enseñar a ver y a oír a sus alumnos. Suponiendo que haya comenzado por él mismo, por el reconocimiento de un ser profundo que busca enseñanzas en cualquier aspecto de su vida. Un ser del que sólo podrá escuchar un murmurio incomprensible.

 

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La muerte también es un tema de estudio. La muerte como aquello que estando inmerso en la propia vida nos permite cambiar. Maestro es cualquier situación que nos modifica desde adentro. La muerte siempre es un maestro.

 

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El goce de los objetos o de algunas circunstancias de la vida, nada tiene de similar con la diversión, ésta es la mercancía norteamericana que más consumimos, un virus de “forma” que penetra nuestros cuerpos y nuestros espíritus a fin de plantar allí su bandera. El goce es más profundo, trastoca los valores del mercado, es un hachazo de belleza con el que crecen nuestras emociones, ampliamos la conciencia y limpiamos nuestras vidas de la chatarra neocolonizadora del norte. El goce es la acción del ocio cuando éste sale de la contemplación del mundo y se adentra en él sin por ello caer en lo que lo niega: la diversión.

 

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Un repetidor es un títere con el que se puede hacer muchas cosas, sobre todo, que enseñe a otro a repetir lo mismo que él aprendió. Y así el placer en lo monótono continúe y la perversidad de lo mismo se eternice.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde el 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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