Lewis Carroll fue el seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, nacido en 1832 en Inglaterra. Fue matemático, lógico, fotógrafo y escritor, conocido mundialmente por Alicia en el país de las maravillas. Enseñó matemáticas en Oxford y fue ordenado diácono anglicano.
Su obra literaria, marcada por el absurdo y el juego lógico, surgió de su relación con Alice Liddell, hija del decano de su universidad. Además de sus cuentos, escribió poesía y tratados matemáticos. Murió en 1898, dejando un legado que sigue inspirando mundos imaginarios y preguntas sin respuesta.
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Uno de los fragmentos más célebres y fascinantes de Alicia en el País de las Maravillas es el diálogo entre Alicia y el Gato de Cheshire. Este pasaje condensa la esencia filosófica, absurda y poética de la obra de Lewis Carroll:
— ¿Me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí?
— Eso depende de a dónde quieras llegar, contestó el Gato.
— A mí no me importa demasiado a dónde…
— En ese caso, da igual hacia dónde vayas.
—…siempre que llegue a alguna parte.
— ¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte — Dijo el Gato— si caminas lo bastante.

Este diálogo no solo es hermoso por su simplicidad, sino que encierra una reflexión profunda sobre el propósito, la dirección y el sentido del viaje — literal y metafórico — que todos emprendemos. Carroll logra, con humor y paradoja, que el lector se cuestione la lógica del mundo y, de paso, la suya propia.
Alicia no cayó

Fue plegada.
Como sábana ritual en domingo sin misa.
Como cuchara que no encuentra sopa,
pero insiste en el gesto.
El país no era país.
Era un zumbido.
Un zaguán sin puerta.
Un reloj que no da la hora,
pero sí el bostezo.
Alicia tenía un nombre,
pero lo olvidó en la tercera curva del sombrero.
Tenía pies,
pero los dejó en el charco donde el conejo
se lavaba las dudas.
—¿Quién soy?
preguntó al espejo.
El espejo respondió con otra pregunta:
—¿Quién pregunta?
Entonces Alicia fue flor,
fue taza,
fue sombra de gato sin gato.
Fue la reina que no manda,
el naipe que no juega,
el poema que se escribe solo.
Y cuando despertó,
no había cama.
Solo una mesa con té frío
y una nota que decía:
«Vuelve a caer».
Alicia en la corte del vértigo
Alicia,
con los zapatos llenos de relojes rotos,
cruza el umbral donde los espejos
se suicidan cada tarde.
La Reina Roja
bebe sangre de fresas y decretos,
corona su furia con pájaros sin alas
y dicta leyes que nadie recuerda
pero todos obedecen.
El conejo,
ese funcionario del absurdo,
marca las horas con un látigo de humo.
Alicia ríe.
No por alegría,
sino porque el caos tiene dientes dulces
y la lógica es solo un vestido
que se deshilacha al primer pensamiento.
Y en el fondo del jardín,
donde las rosas gritan,
la niña escribe su nombre
con tinta de sombra
en la piel del laberinto.
JLTB
***

José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.
Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.
Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales.
Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación.
Escribe como quien borda, con barro en los pies
cielo en la lengua, fuego en la voz,
con oído de calle y pulso de viento.
Poeta que escucha lo que otros callan
y traduce silencios en tinta viva.
(Reseña de Antonio V. Díaz B.)
Ciudad Valencia / RN













