La ciudad se enciende como un reloj de campanas. No hay manecillas, no hay números: Hay luces que tiemblan en los balcones, hay gaitas que se derraman por las ventanas, hay niños que corren con bengalas como si fueran estrellas fugaces. Cada esquina marca una hora distinta, cada abrazo es un minuto que se detiene en el aire.
El fin de año no se anuncia en calendarios: se anuncia en la piel de la ciudad. En las hallacas que se abren como cofres de memoria, en el pan de jamón que se comparte como un pacto, en el pesebre que se ilumina con la fe de María y José. La ciudad es un reloj vivo, tejido por la esperanza de un pueblo que resiste y celebra.
Desde Venezuela hacia el mundo, la ciudad late con fuerza. Nos quieren arrebatar lo nuestro con mentiras, pero aquí seguimos: Con la certeza de que la verdad se sostiene en la memoria, en la poesía y en la fe. La ciudad se convierte en altar, y cada gesto cotidiano es un rezo. El fuego artificial que estalla en el cielo es también una plegaria, un signo de que seguimos vivos, de que seguimos creyendo.
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La ciudad como reloj ritual: el tiempo se mide en abrazos, en canciones, en promesas. La medianoche no es un instante: es un río que nos atraviesa, un puente que nos lleva de lo vivido a lo que vendrá. El reloj no marca segundos, marca milagros.
Y cuando la fiesta se apaga, cuando la música se detiene y la madrugada se abre como un libro en blanco, la ciudad respira. Respira con fe en Dios, con confianza en la Virgen, con la certeza de que cada herida se convierte en cicatriz luminosa. Respira con la fuerza de quienes saben que el tiempo no se detiene, que la ciudad sigue latiendo, que la esperanza nunca se apaga.
La ciudad como reloj ritual: un cuerpo que muda piel, un corazón que nunca deja de latir. Y nosotros, con ella, seguimos creyendo en la fuerza de la palabra, en la ternura de los abrazos, en la luz que nunca se apaga.
Oración de la ciudad al cielo
Señor de los tiempos y de las campanas,
abre tu manto sobre esta ciudad que late como un reloj ritual.
Protégela de los vientos inciertos.
Danos Paz, Señor, Paz que se encienda como farol en las plazas,
Paz que se derrame como agua clara en los hogares,
Paz que se convierta en canción en la boca de nuestros niños.
Danos Esperanza, Señor, Esperanza que florezca en los balcones,
Esperanza que se vista de hallaca y pan de jamón,
Esperanza que se arrodille ante la Virgen y se levante con fuerza.
Somos un pueblo bueno y creyente,
un pueblo que canta aun en la tormenta,
que reza con las manos abiertas,
que sueña con lo mejor de la vida porque sabe que lo merece.
Por nosotros, Señor, y sobre todo por nuestros niños,
haz que el futuro sea un jardín y no un desierto,
haz que la ciudad siga latiendo como reloj de milagros,
haz que cada amanecer sea promesa,
y que cada noche sea descanso en tu abrazo.
Amén.
Venezuela inédita
No hay palabra que te alcance,
Venezuela,
porque eres río que inventa su cauce cada amanecer,
porque eres montaña que se abre como libro sin páginas,
porque eres niño que dibuja estrellas en el suelo de la plaza.
No hay poesía que te encierre,
porque tu voz es campana que suena en todas direcciones,
porque tu piel es hallaca que guarda secretos de abuelas,
porque tu fe es Virgen que camina descalza sobre la ciudad.
Todo lo bueno de la vida te pertenece:
el pan compartido,
la luz que nunca se apaga,
la esperanza que florece en cada esquina.
Venezuela,
poesía que nunca se ha escrito,
pero que siempre se está pintando
en nosotros.
JLuisTroconisB.
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José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.
Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.
Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales.
Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación.
Escribe como quien borda, con barro en los pies
cielo en la lengua, fuego en la voz,
con oído de calle y pulso de viento.
Poeta que escucha lo que otros callan
y traduce silencios en tinta viva.
(Reseña de Antonio V. Díaz B.)
Ciudad Valencia/RM













