“Cosificadas” por María Alejandra Rendón Infante

María Alejandra Rendón- sororidad
María Alejandra Rendón, autora de la columna Nos (Otras)

Cosificadas… Una denuncia frecuente del feminismo es la de que se toma a la mujer como «objeto sexual»; y con ello, la imposibilidad de considerarla sujeto, en términos de igualdad o alteridad.

La mujer “cosa”, o la mujer “objeto”, es la forma de desigualdad más antigua, y es a partir de esta, la violencia simbólica, como se estableció una supuesta superioridad basada en el no reconocimiento de cualidades y habilidades más allá de las catalogadas por el patriarcado como virtud: la belleza y la bondad; características inherentes al eterno femenino construido hasta hoy.

Pese a los enormes avances que las mujeres han tenido a los largo de muchas luchas el capitalismo, como ningún otro modelo, ha logrado sostenerse en un orden simbólico que las priva de derechos, constituyéndose aún como una cultura silenciada, entendiendo que las grandes corporaciones mediáticas son patrimonio del gran poder capitalista-patriarcal-hegemónico.

Cosificar es reducir a categoría de objeto aquello que no lo es. Las mujeres fueron por mucho tiempo objeto de intercambio: parte de las dotes a negociar tras los conflictos. Sus cuerpos controlados desde los Estados, las religiones, las esferas de poder, los hombres de la familia, los ejércitos etc. Con el advenimiento del Estado moderno sólo se introdujeron nuevos mecanismos para extender dicho control hasta hoy.

Las mujeres estamos presas en nuestros cuerpos: esquilmados, escrutados, enjuiciados, maltratados, desechados y obligados a cumplir con un canon que no solo niega la diversidad, que ya es mucho decir, sino que somete diariamente a un cada mujer a una violencia simbólica permanente, ante la cual no existen respuestas de orden cultural y político que permitan contrarrestar esa forma de vasallaje, dado que tal asimetría  permite sostener el orden vigente y garantiza buena parte de las obscenas ganancias del gran capital.

Un claro ejemplo de ello es la publicidad sexista… “La cual posee una estructura bidireccional, mediante la cual por un lado se reproducen los roles y estereotipos de género que insisten en colocar a la mujer como ama de casa –madre a manera de función exclusiva, al mismo tiempo que vende una imagen femenina convertida en objeto sexual”. (R. Madriz p.245)

El estereotipo despersonalizado, “muchas veces decapitado”, impone no sólo un modelo fijo a conseguir para lograr la “positiva” valoración del resto de la sociedad, sino que se trata de modelos “imposibles” usados exclusivamente para vender y esclavizarnos mediante la violencia y el consumo sostenido. La mujer como objeto de deseo es parte de la campaña disuasiva para ofertar, desde una gaseosa hasta una moto sierra.

La mujer es mayoritariamente vulnerable, porque con esa imagen que nos es ajena, y bajo lemas de salud-belleza-éxito, somos las principales consumidoras y quienes financiamos con mayor fuerza nuestra propia discriminación. Y es que el mito de la feminidad, relacionado con que la mujer debe estar siempre ¿bella?, es reforzado porque se parte de lo natural como lo feo, y se resaltan características físicas casi siempre adquiridas e imposibles de conseguir por vía natural y, a veces, incompatibles con la salud (lo que para Marcela Lagarde, es en la actualidad lo equivalente a la mutilación, pero esta vez autorizada y ansiada por la propia mujer).

En un reciente estudio llevado a cabo por la UNICEF, los resultados muestran que las mujeres y los hombres aparecen en los anuncios en porcentajes similares en los cinco países. Sin embargo, sus representaciones a menudo refuerzan normas de género discriminatorias. Los anuncios tienden a presentar a las mujeres como cuidadoras y objetos de deseo sexual, y a los hombres como sostén de la familia y líderes. Además, los anuncios no captan la diversidad y excluyen ampliamente a grupos de la población, como las personas con discapacidad, entre otros.

“Los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe son bombardeados por anuncios en Internet, en la televisión y en vallas publicitarias en la calle. Crecen viendo a los hombres como líderes y a las mujeres como objetos de deseo sexual, y estos estereotipos dañinos se convierten en la norma”, dijo Youssouf Abdel-Jelil, Director Regional a.i. de UNICEF para América Latina y el Caribe.

Es mucho lo que se puede seguir impulsando desde las distintas legislaciones. Alimentar el mercado de la violencia es un flagelo que pone en riesgo a la mayoría de las mujeres cada día. No es tan simple como “auto-aceptarse”, aunque ello se constituya como un importante paso a dar desde lo individual, pero, clave aclarar, que no es responsabilidad individual de cada mujer, pues, la cosificación es el principal elemento que cimenta una cultura de la desigualdad y la remacha por múltiples vías. La mujer objeto no es otra cosa que un instrumento para la reproducción, la satisfacción sexual y el servicio continuo, generalmente no es asociada a espacios de decisión y de poder, y a menudo se pondrá en duda la mayoría de las capacidades  que no guarden relación con el hecho de ser físicamente “aptas” y de estar dotadas, “por naturaleza”, de otras cualidades femeninas estandarizadas desde una imagen falsa.

Es sumamente preocupante ver cómo la agresión ideológica de los explotadores cada vez más con mayor cinismo, y parte de su expresión cotidiana son las imágenes negativas, violentas o degradantes de la mujer, incluida la pornografía y sus diversas expresiones. (Ídem).

 

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La hipersexualización, por ejemplo, fenómeno del que escribí en la entrega anterior, forma parte de esta estrategia que esclaviza a la población femenina en general, criminaliza la diversidad, altera la psique de nuestras niñas e incrementa los niveles de violencia hacia todas.

Es importante sostener los esfuerzos en la lucha contra toda forma de discriminación, cosificación, vasallaje y esclavitud. La violencia simbólica es la más letal y es muy probable que sea la forma de violencia que afecta, siendo conscientes o no,  a todas o una inmensa mayoría de las mujeres del mundo.

¡NO SOMOS OBJETOS!

 

Referencias:
Varias autoras. Mujer genero con clase. Trinchera. 2018

 

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María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.

PREMIOS

Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.

PUBLICACIONES

Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).

 

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