Entre los múltiples episodios curiosos ocurridos en torno a los ejércitos del mundo, llama la atención el de la existencia de un cuerpo de camellos en el Ejército de los Estados Unidos (EEUU), episodio que ocurrió entre 1857 y 1861.
Dicho cuerpo estuvo integrado por 75 camellos, tres conductores de estos animales provenientes del norte de África y Turquía, y un director, el teniente Edward Fitzgerald Beale, quien en 1848 había propuesto su creación.
La idea de Beale fue acogida en un momento en que Estados Unidos buscaba un medio relativamente rápido, económico y eficiente de abastecer a los puestos de avanzada en su proceso de conquista del Lejano Oeste.
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Beale era entonces superintendente de asuntos indígenas en California y Nevada y su idea tenía mucho que ver con la lucha contra los habitantes originarios, a los que progresivamente se había despojado de sus tierras y arrinconado en regiones cada vez más pequeñas y remotas.
De allí que con bastante frecuencia los indios atacaran a los viajeros que iban hacia el Oeste, pues sabían que estos viajes constituían el preludio de nuevos despojos.
En 1855, y presionado por un senador del estado de Illinois, el Congreso de la Unión aprobó una asignación de 30 mil dólares para que el Departamento de Guerra comprara e importara camellos.
Los dos encargados de esta labor, los mayores Henry Wayne y David Porter, viajaron a Europa a familiarizarse con dichos animales: Wayne al zoológico de Londres y Porter a Italia.
Luego de reunirse en la ciudad italiana de Pisa, ambos enviados continuaron su periplo por Malta, Túnez y Constantinopla.
Posteriormente, llegaron a Crimea, donde los ingleses estaban probando camellos como bestias de carga, pues habían advertido que estos animales eran capaces de acarrear más de 200 kilos, en recorridos diarios de 48 kilómetros.
Wayne y Porter compraron en Túnez, en Egipto y en Turquía los primeros 33 camellos para el ejército estadounidense y, además, contrataron a tres conductores de caravanas: dos de ellos árabes –Elías Calles y George Caralambo–, y uno turco, Hadji Alí.

Ambos mayores, los 33 camellos y el trío de camelleros viajaron durante tres meses por mar, entre Alejandría y el estado de Texas, donde arribaron el 14 de mayo de 1856.
La embarcación con estos 33 camellos llegó al puerto de Indianola, situado a 192 kilómetros al sur de Galveston.
Tras un desembarco repleto de momentos graciosos que llamaron la atención de los habitantes de Indianola, los 33 camellos y sus conductores emprendieron un viaje en caravana hasta la ciudad tejana de San Antonio.
Aquí fueron víctimas de las burlas de quienes los vieron llegar, algunos de los cuales pusieron en duda la capacidad de los camellos como animales de carga y transporte.
Dudaban, particularmente, de que un animal pudiese transportar más de 600 libras de peso, esto es, aproximadamente, unos 200 kilos.
Para acallar las malas lenguas, el mayor Henry Wayne convocó a una multitud y, en presencia de esta, obligó a arrodillarse a uno de los camellos, al que luego cargó con 1.256 libras, poco más de 400 kilos de peso.
A continuación y a una orden suya, el camello se incorporó y caminó como si no llevara carga alguna.
La demostración fue considerada como algo extraordinario y deshizo las dudas acerca de la efectividad de los camellos para abastecer los puestos de avanzada en los estados de Arizona, Colorado, Nuevo México, Nevada, Utah y California, es decir, el entonces llamado Lejano Oeste.
Otro dato curioso en torno a la adquisición de los camellos es que –incluyendo el viaje de los mayores Wayne y Porter a Europa, África y Asia, más la compra de dos lotes de camellos, que en total sumaron 75 de estos animales–la operación tuvo un costo de 7 mil 331 dólares.
El resto de la asignación de 30 mil dólares que había dado el Congreso –esto es, 22 mil 669 dólares– fue devuelto a esta institución en lo que aún entonces, 1856, se consideró un acto de honradez poco común.
El 10 de febrero de 1857, arribó al mismo puerto tejano de Indianola el segundo lote de camellos para el ejército estadounidense, compuesto por otros 42 de estos animales.
Un mes más tarde y con los 75 camellos que ya se hallaban en territorio norteamericano fue creado oficialmente el cuerpo del ejército al que fueron asignados.

El mismo fue puesto bajo el mando del creador del proyecto, Edward Fitzgerald Beale.
Las hazañas del Cuerpo de Camellos del Ejército de los EEUU fueron varias, todas relacionadas con la apertura o el mantenimiento de rutas entre el centro y el Oeste del país. Dichas rutas tuvieron una longitud de más de 6 mil 400 kilómetros.
Los múltiples logros del Cuerpo de Camellos entusiasmaron a los altos funcionarios del gobierno de la Unión.
Debido a ello, el secretario de Guerra aprobó la importación de mil camellos más, pero justo entonces se inició la Guerra de Secesión y el pedido fue archivado.
La guerra hizo que el Cuerpo de Camellos cayera en el olvido y, al no dotársele de dinero ni de insumos para funcionar, Beale vendió la mayoría de los animales y obsequió 28 al servicio postal de la ciudad californiana de Los Ángeles.
Por otro lado, cada uno de los tres conductores de camellos se quedó con al menos un ejemplar.
Dos de ellos –Georges Caralambo en California y Hadji Alí en Arizona–, se residenciaron en los EEUU.
El árabe Elías Calles se trasladó al estado mexicano de Sonora y fue el padre de Plutarco Elías Calles, militar y político que ejerció la presidencia de México entre 1924 y 1928.
Algunos de los camellos vendidos por Beale terminaron sus vidas como animales de carga de mineros o del servicio postal, en tanto otros pasaron a ser propiedad de circos. Muchos sucumbieron a los malos tratos y, sobre todo, a la incomprensión de quienes solo alcanzaban a verlos como animales extravagantes.
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Armando José Sequera (Caracas, 1953) es un escritor y periodista venezolano. Autor de más de cien libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido cerca de 30 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012). Es asimismo Premio Nacional de Cultura, mención Literatura, 2026.
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
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