La Mentira

La mentira es un animal doméstico que todos acariciamos. Se pasea por la ciudad con la elegancia de un gato viejo, se acomoda en los discursos oficiales, se desliza en las conversaciones de esquina y hasta se cuela en los rezos de quienes piden milagros imposibles. ¿Es una propuesta necesaria? Quizá sí, porque sin ella no habría teatro ni política, ni esos amores que sobreviven gracias a la ilusión. La mentira funciona como un maquillaje que embellece lo que no resiste la luz; es un puente improvisado hacia la esperanza, aunque se derrumbe al primer paso.

Pero también es una manía persecutoria. Se instala en la mirada desconfiada, en el vecino que sospecha del otro y en el rumor que corroe las paredes del barrio. La mentira es esa sombra que nunca se despega, una cicatriz que no se borra, como ese perro que ladra toda la noche y no deja dormir a nadie. La ciudad la tolera, la padece y la reproduce. En cada esquina hay un relato que se tuerce, una verdad que se disfraza y un gesto que oculta más de lo que muestra.

El vendedor promete calidad, el político promete futuro y el amante promete eternidad; todos saben que mienten, pero todos aceptan el juego.

Aquí entra la mordacidad, la mentira no es inocente, es un negocio redondo. Se vende como pan caliente y se compra como medicina milagrosa. El que miente gana tiempo, mientras que el que cree pierde memoria. La mentira es la gran industria invisible de la ciudad, y sus accionistas somos nosotros mismos. Sin embargo, entre tanto engaño, la poesía insiste en decir lo que duele, en nombrar lo que se calla. El verso es la rebelión que desnuda la máscara, la palabra que se atreve a señalar al rey desnudo. Porque si la mentira es una propuesta necesaria, el poema es la manía de la verdad, esa obstinación que no se rinde.

Valencia respira entre esas dos fuerzas, la máscara y la palabra, el engaño y la revelación. Allí nos movemos, habitantes de un territorio que sabe que la mentira nunca es inocente, pero siempre es nuestra vecina. Y mientras tanto, seguimos escribiendo, porque la ciudad, al final, es verso cuando se nombra, prosa cuando se vive y sarcasmo cuando se desnuda.

 

El oficio de la sombra

La mentira es el pan.

Se amasa con las manos sucias.

Es la única piel que no nos queda grande.

Algunos han medido su peso:

Nietzsche: necesitamos el error para que la verdad no nos mate.

Cioran: la mentira es la única caridad que nos queda.

Pavese: mentimos para que nos amen; si supieran quiénes somos, nos dejarían solos.

Porchia: se miente para no morir de realidad.

Troconis: la mentira es el animal que todos acariciamos en la sala.

Mentir es el único derecho del que no tiene nada.

La palabra es el disfraz.

El silencio es la única verdad que no engaña.

Los Arquitectos del Desengaño

Friedrich Nietzsche (alemán, 1844-1900): El filósofo del martillo. Sostenía que el ser humano no puede soportar la verdad absoluta y desnuda; por eso, el arte y las «mentiras vitales» (ilusiones) son herramientas necesarias para que la existencia sea soportable. Sin el error, la realidad nos aniquilaría.

Emil Cioran (rumano-francés, 1911-1995): El maestro del pesimismo y el aforismo corto. Para él, la vida es un sinsentido y la verdad es una herida. Ve la mentira como una forma de cortesía o «caridad» para no destruirnos los unos a los otros con la crudeza de lo real.

Cesare Pavese (italiano, 1908-1950): Un poeta y novelista marcado por la melancolía y la dificultad de las relaciones humanas. Su visión de la mentira es trágica: nos disfrazamos y mentimos para ser aceptados, por miedo a que nuestra verdadera esencia, huérfana y solitaria, ahuyente a los demás.

Antonio Porchia (argentino-italiano, 1885-1968): Un poeta de la brevedad absoluta. Sus «Voces» son aforismos que exploran las paradojas del ser. Porchia no juzga la mentira; la entiende como un escudo protector, un mecanismo de supervivencia frente a una realidad que a menudo es demasiado pesada.

José Luis Troconis Barazarte (Venezolano): Mi visión es urbana y contemporánea; sitúa la mentira no solo en el individuo, sino en la estructura misma de la ciudad (la política, el comercio, el amor), convirtiéndola en un «animal doméstico» que ya forma parte del paisaje cotidiano.

 

La mentira

La mentira me cubre como un velo de ceniza.

En su silencio arde la palabra que no dije,

la herida que inventé para no morir de verdad.

Es un espejo roto,

me miro y no me encuentro,

me nombro y no respondo.

 

La mentira es mi casa vacía,

mi sombra que se arrastra,

mi voz que se disuelve

en la noche interminable.

 

Defensa de la mentira

La mentira me salva.

Sin ella, el abismo.

Es un refugio de sombras,

una lámpara encendida en la noche.

La verdad es insoportable,

me arranca la piel,

me deja desnudo frente al vacío.

La mentira me viste,

me alimenta,

me permite seguir vivo.

 

No es traición,

es el pacto secreto

entre el dolor y la esperanza.

JLTB

La Mentira

Cuento: La mentira en la ciudad

La Mentira llegó una mañana a Valencia vestida de blanco, como si fuera una novia tardía. Nadie se atrevió a señalarla, porque todos sabían que sin ella la ciudad se quedaría muda. Uno de los cronistas del pueblo la recibió con sus libretas abiertas. Escribió que había nacido de un suspiro colectivo, que era hija de la necesidad y del miedo. Cada palabra que anotaba se transformaba en historia oficial, y así la mentira se volvió verdad en los archivos urbanos. La Viuda de los Espejos la invitó a su casa. Allí, cada espejo mostraba un rostro distinto de la ciudad, unos reflejaban hambre, otros esperanza, otros simplemente cansancio. En todos, la mentira aparecía como un ángel protector, cubriendo con su manto las grietas que la verdad no podía ocultar. Los vecinos comenzaron a venerarla. La mentira les daba pan cuando no había trigo, les daba amor cuando la soledad los consumía, les daba futuro cuando el presente se volvía insoportable. Nadie la cuestionaba, porque sabían que era la única que podía sostenerlos. Pero la mentira también perseguía. Se colaba en las conversaciones, en los rumores, en las sospechas. Hacía que cada mirada dudara del otro, que cada gesto escondiera un secreto. Era necesaria y era cruel, como esas lluvias que limpian y destruyen al mismo tiempo. El Cronista la convirtió en leyenda. La Viuda la defendió como a una hija. Y la ciudad, entre máscaras y versos, aprendió a vivir con ella, la mentira, esa vecina eterna, que nunca se va, que nunca se muere, y que siempre nos recuerda que sin su sombra la verdad sería insoportable.

 

La medida del daño

La mentira es una prótesis.

La usamos para caminar cuando la verdad nos ha cortado las piernas.

El médico dice: Es una herramienta, un modo de no morir en el encuentro.

El peligro no es el engaño. El peligro es olvidar el camino de regreso,

habitar la ficción como quien habita una casa en llamas y la llama hogar.

Mentir es el único oficio que nos mantiene a salvo de nosotros mismos.

«La mentira es una herramienta de adaptación. El problema no es el acto de mentir en sí, sino cuando la mentira se convierte en la única forma de relacionarse con la realidad».

José Luis Troconis Barazarte.

 

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Mujeres venezolanas incansables luchadoras por la igualdad

 

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José Luis Troconis Barazarte 1

José Luis Troconis Barazarte: El sembrador de lenguajes

Artista, ceramista, narrador y docente, José Luis Troconis Barazarte ha hecho de la interdisciplina su firma. Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca y la Bircham International University, con maestría en Artes Visuales y Escénicas (Strayer College, D.C.), su rigor académico se funde con la pasión de quien vive el arte como destino.

Su huella institucional destaca como exdirector de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador en la Alianza Francesa de Valencia. Al frente de CEINFOLEIM, convierte la enseñanza de siete idiomas, la música y la literatura en un rito de creación permanente, impulsando movimientos de vanguardia como Cacao Tekisuto y Talicre. En este diario, Ciudad Valencia, da vida semanalmente a su columna «Ciudad en Verso y Prosa«, un espacio que define su presente creativo.

Reconocido con la Bienal Internacional Vicente Gerbasi (2017) y distinguido en Atenas como Mejor Escritor del Año 2024-2025 por el Ministerio de Cultura de Grecia, su obra honra una herencia mediterránea que trasciende fronteras. Autor de títulos como EmpáticosCartas a la Soledad y El Evangelio de Caperucita, prepara para este 2026 una ambiciosa serie editorial que incluye Yo sí creo en DiosOm Seti y Lilith.

Médico internista, intérprete de lengua de señas, pianista y director coral, Troconis entiende la sanación y el arte como un mismo gesto de revelación.

“Escribe como quien borda: con barro en los pies, cielo en la lengua y fuego en la voz. Es el poeta que escucha lo que otros callan y traduce el silencio en tinta viva.”

Antonio V. Díaz B.

 

Ciudad Valencia/RM