La palabra de hoy es de las más comunes y corrientes y, sin embargo, tiene, como se suele decir, sus espinitas. La palabra en cuestión es preguntar, que a la primera mirada al Diccionario es simplemente hacer preguntas, solicitar información a alguien.
Pero si vamos a su etimología ya no la encontramos tan inocente, porque preguntar viene del latín vulgar praecunctare, más exactamente del clásico percontari, que también tiene la forma percunctari, menos recomendada por los especialistas.
Lo de las “espinitas” lo decíamos porque en realidad percontari, más que simplemente preguntar quiere decir indagar, interrogar a alguien, someter a un interrogatorio; todo lo cual naturalmente envuelve ideas mucho menos inofensivas que la del simple preguntar.
Para preguntar tiene el latín las voces interrogativa y percontatio, además de quaestio, de donde proviene nuestra inquietante cuestión.
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Hablando de inquietud, el verbo preguntar adquiere cierto matiz amenazante cuando lo acompaña la preposición por: nadie se queda del todo tranquilo después de haber sido informado por ejemplo, de que: “Me preguntaron por ti” o “ahí hay un señor que pregunta por tu hijo”.
Son anuncios tan molestos como la venezolanísima manera de “hablar preguntado”. En Venezuela decir de alguien que “ese habla preguntao” es describirlo como sujeto taimado y de doble cara.
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Tomado del libro “La palabra de hoy / Programa radial” (Cenal, 2014)
Autor: Aníbal Nazoa González (Caracas, 12 de septiembre de 1928 – Ibíd., 18 de agosto de 2001) poeta, periodista y humorista, considerado «uno de los escritores venezolanos que mejor retrató el siglo XX».
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