Cuando la mayoría de los líquidos se congela, su forma sólida se hunde en lo que todavía se mantiene en su estado natural. Hay una excepción: esto no sucede con el agua que, al congelarse, se transforma en hielo y flota en la parte que aún se conserva líquida.
La razón de este fenómeno es la siguiente: tal como cualquier otra sustancia líquida que se congela, el agua aumenta su densidad a medida que baja su temperatura.
Pero, a diferencia de casi todas las otras sustancias, cuando se encuentra a 3,98 grados centígrados, su proceso de densificación se detiene. Luego, mientras más baja la temperatura, menor es su densidad.

El responsable de esto es el hidrógeno, uno de los dos elementos constitutivos del agua. El otro elemento, como se sabe, es el oxígeno. Cuando el agua se congela, el hidrógeno conecta las moléculas mediante algo parecido a puentes que, en lugar de aproximarlas, las separa ligeramente.
Por ello, el agua transformada en hielo aumenta casi un nueve por ciento de volumen y ocupa más espacio. En ese espacio, se acumula aire y este hace que el hielo flote en el agua líquida.
Tal suceso constituye uno de los hechos más extraordinarios de la naturaleza y, aunque parezca increíble, gracias a él existe la vida en la Tierra.
Si el hielo no flotara, cuando hace cientos de millones de años ocurrió el primer invierno, el agua congelada de la superficie de los mares, los lagos y los ríos se habría hundido hasta el fondo. Ese hielo se habría asentado, sin derretirse, pues el agua que lo cubriría actuaría como aislante.

En el siguiente invierno, al congelarse otra vez las superficies acuáticas, este nuevo hielo también hubiese descendido hasta el fondo y agregado una segunda capa a la ya existente.
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Con el tiempo, los océanos, los lagos y los ríos se habrían llenado de capas de hielo y estarían tan congelados que no habría posibilidad de que el agua se derritiera en los períodos calurosos.
Así, al nada más haber agua congelada en el mundo, resulta obvio que la vida, ningún tipo de vida –ni siquiera la unicelular–, se hubiera podido desarrollar.
Es por ello que debemos nuestra existencia al hecho excepcional de que el hielo no se hunde en el agua.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
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