“Maestros extraños (X)” por Arnaldo Jiménez

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LOS ALUMNOS: Las mejores enseñanzas de nuestros alumnos se manifiestan en el lenguaje. Los docentes nos hacemos partícipes, sea consciente o inconscientemente, en la transmisión de un esquema ideológico del poder occidental basado en el desprestigio del habla popular. Ese poder nos hace creer que existe una gradación en las lenguas; que hay palabras mal habladas y palabras bien habladas; por lo tanto, existe un arribar a lo culto, un llegar a ser culto y, para iniciar a los alumnos en este camino, están los grados que el sistema educativo contiene.

Este es un problema de vieja data. Sarmiento y Andrés Bello se debatieron en tal aspecto; el primero sostenía que el habla del pueblo es autónoma y habría que considerarla sin la comparación con el habla culta, ya que en esta comparación el conquistador seguía ejerciendo su poder; el otro, Andrés Bello, consideraba que la tarea consistía en que ese pueblo entrara con la fuerza de su lenguaje en la gramática, y realizó ese esfuerzo descomunal para introducir la lengua indígena en ella; el resultado fue lo contrario de lo que se propusieron: Sarmiento se atascó en sus propósitos y su obra resultó erudita y plena en el lenguaje del conquistador. Andrés Bello, imbuido de la mentalidad europea y tildado de academicista, elaboró una gramática donde los vencidos tenían cabida.

En fin, me interesa reseñar que ese debate se da cotidianamente ante nuestros ojos sin que nos demos cuenta, sin estar conscientes de que es en el lenguaje donde el dominante y el dominado establecen sus relaciones de fuerzas; es allí, en el lenguaje, donde se juega la relatividad de los dominios. Pensando que nuestra habla es una especie de fortín que resguarda nuestra identidad y es, a fin de cuentas, nuestra identidad misma, he publicado dos libros titulados: Chismarangá (2006) y Orejada (2012). Libros que pasan a la escritura las formas del habla y las elevan a la dignidad del registro. No es conveniente, en ese registro, usar las letras mayúsculas, porque nosotros carecemos de la altura; estamos abajo; pero desde allí, le negamos al poder su control; desde allí, usamos nuestras armas predilectas: la burla y la ironía.

El uso de las mayúsculas en los nombres conlleva una nominación académica a aquello que se le escapa. No es que no tengamos nombres propios; es que, en esos nombres, se distribuyen las mismas tramas y los mismos dramas; están inmersos en un tejido social que establece claras distinciones entre los tipos de historias que vivencian; por tanto, los nombres pertenecen a un colectivo y representan no a individuos, sino a grupos de una clase social; representan a una clase social que posee otra forma de vivenciar el tiempo y el espacio: otra historia.

En un ensayo que he titulado: Hacia una Filosofía de la Historia Cotidiana de Venezuela, he analizado las características más importantes tanto de la Historia buscada (clase dominante, partidos políticos, instituciones gubernamentales…) y la Historia no buscada (la clase social supuestamente dominada). Entonces se pudiera comprender, un poco más, el alcance que tiene el hecho de que la oralidad sea respetada, lo que más podamos, al pasarla o traducirla a la escritura. Un barrio es un espacio en el que la voz gira hacia todos los lados posibles; una voz llena de tiempos narrados, con sus personajes y sus héroes.

 

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Y es que los cuentos orales tienen sus propias estructuras; tienen sus propios héroes, por medio de los cuales la comunidad procura la exaltación de su identidad; no necesita de un historiador. También compensa las carencias sociales y la falta de igualdad ante la ley o la autoridad; sin embargo, nada de ello cuenta en el momento en el que su cualidad anónima se apropia del héroe y lo inmortaliza. Los alumnos arriban a la escuela con una manera de conocer que debemos potenciar y conducir: la superstición, el realismo mágico que existe en el barrio: duendes, aparecidos…

Los alumnos llevan a las aulas toda la carga poética e histórica del habla. Una tonalidad, una musicalidad que circula por los hogares y los barrios. La ele metida en palabras donde suelen arrastrarse las eres: puelto, veldá; las mutaciones que sufren la b, la g y la f: gueno, juimos, jue –entre otros aspectos–, nos enseñan algo nuevo en el lenguaje; pero si usted es de los docentes que le rinden culto a lo culto, al menos debe preguntarse si acaso estas palabras pierden belleza y significado al ser pronunciadas así. No obstante, no quiero que se piense que estoy promoviendo la pobreza del léxico en nuestros estudiantes; pero sí es conveniente que sepan que por el hecho de no hablar como…, ya se es inferior a…

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde el 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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