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Mi soundtrack: De carajita a Diva | Marhisela Ron León

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Tengo gustos musicales heredados de mis padres, de mis hermanos: canciones que escuché desde muy niña, que flotaban en el aire que hilvanaba la historia de la familia. Son el sonido de nuestro pasado.

En ocasiones, la música era parte de lo cotidiano: una de mis hermanas pasaba el coleto, impregnado del aroma de cera sobre el piso de granito, mientras el tintineo del hielo en el vaso de whisky de mi papá llevaba el compás de aquellos bochinches.

 

DE LA MISMA AUTORA: “¡MARHISELA CON H!”…

 

Si íbamos para El Tigre, Chirgua o Ciudad Bolívar, mis hermanas cantaban a todo gañote, plenas, y el carro, un Dodge que tuvo mi papá (bueno, en realidad fueron dos: uno marrón y otro verde), al cruzar el puente de Angostura, por ejemplo, se convertía en un escenario móvil de libertad que yo absorbía desde pequeña. Nos juntábamos también en la terraza de la casa de la calle Anzoátegui, en el bullicio de La Sorpresa o en la cocina de Las Corinas.

 

familia Marhisela-soundtrack

 

Igual me pasaba con mi mamá, mientras ella resolvía crucigramas o preparaba el almuerzo. Ella tenía un cancionero de Juan Gabriel, en color sepia, al acceso de mis manos como la mayoría de sus libros y revistas, eran más de treinta canciones acompañadas con fotos del cantautor. Yo, muy pequeña, lo leía; así me aprendí las letras; un Juan Gabriel que escribía desde el desborde, sin ocultar emociones.

Una de esas canciones que marcó mi memoria fotográfica es La guirnalda, en la voz de Rocío Dúrcal; una de las favoritas de mi hermana Thairí, quizás un himno personal, entre otras como «Quédate conmigo esta noche». En aquellos tiempos de casetes que se rebobinaban con un lapicero, yo la escuchaba tararear y la estudiaba a escondidas, protegida por una timidez que me arropaba.

 

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Pero cuando yo la cantaba, me hacía mis películas mentales (esa vaina me viene de carajita): el cuarto se desvanecía y el escenario se abría ante mí. Yo me sentía Rocío (¡no joda!), dueña absoluta de la luz, con un vestido de lentejuelas que solo existía en mi imaginación, ofreciendo una performance impecable.

Años después, ya con treinta, ocurrió el reencuentro. En el silencio de una tienda de discos en un centro comercial de Valencia, lo vi: una cápsula del tiempo. Lo compré sin dudar. Al tomarlo, no adquirí solo un disco; recuperé el cancionero sepia, el puente de Angostura y a la Rocío que yo soñaba ser.

 

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Marhisela Ron León

Marhisela Ron León (Puerto Cabello-Carabobo-Venezuela): Poeta, licenciada en Enfermería por la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada.

Ha realizado Talleres de poesía a través del Instituto Municipal de Cultura de Puerto Cabello; también de escritura creativa con Nanda Nieves y de narrativa en Corrección Perpetuum, Escuela de Escritores de Caracas. Íntimo (2010) Bonus (2022).

 

Ciudad Valencia / RN / Fotografía de la autora Serge Páez