No he leído este libro. Me lo he comido lentamente, tomate a tomate. Los seis, sin apuros, sin gula. Con recelo de que se termine. Amo la sensación que desata este libro en mí, una especie de medicamento o un beso con lengua delicioso que quieres volver a probar por lo que genera, lo deseas. Es el libro que me hace hervir. Siento la necesidad de resguardar, no dejar ver nada sobre él. Es muy valioso, me nace la pulsión de resguardarlo para mí.

Percusión y tomate-Sol Linares-Marhisela Ron León

He sido como Octavia, la protagonista. Octavia Fernández «Tavita» y el barranco que la acompaña, un divorcio. La Ex: La excasada, examada, exfoliada, exfeliz, exlubricada. Lamentando la novela que no podré escribir. He sido Claudia con algún ataque de pánico en mi historial y un diario que no sé a quién voy a dejar cuando me muera. Escogemos el mismo lado de la ventana del autobús. He sido Babela, la madre adolescente que alguna vez tuvo mi madre. Ahora soy la huérfana, igual que Babela. He sido doña María Mele, refunfuñando porque nadie ha probado alguna de mis comidas y se enfrían. La madre. La que lavó las camisas de un hombre y sirvió su comida, fregó pisos, ordenaba closets.

He sido todas esas mujeres que suben al árbol de níspero sin pantaletas. Las observo desde un balcón que instalé en mi imaginario, sigo cada detalle. Desde el Hotel Vedaluz, percibo el olor del cigarro, sus conversaciones, lloré a Minué. He querido estrangular a Katrine.

 

LEE TAMBIÉN: “Jenny Suárez Cordones crea con pasión”

 

La primera vez que leí el título de «Percusión y tomate», como una novela de Sol Linares, fue por referencia de José Carlos de Nóbrega. No había tenido la oportunidad de leer. Leí Canción de la aguja y La silla cruza las piernas, compartida por este escritor amigo.

Pero siempre tuve esa espinita, por no leer esa primera y tan comentada novela. Confieso sentí frustración porque ansiaba leerla. En cuanta librería iba siempre preguntaba. En una entrevista que le hicieron en Chile a Sol mencionaron la novela, sentí más frustración, por no decirles otra palabra. Me cuestionaba a mí misma por no conseguirla. Como si fuera mi culpa.

Percusión y tomate-Sol Linares 2

En diciembre del año pasado, en Caracas, en el mismo lugar donde se realizó un recital con facilitadores de la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla, había una librería pequeña, no lo dudé, me fui hacia los estantes para ver qué encontraba. Me subí a una escalera pegada al estante, después de unos minutos con la cabeza de medio lado leyendo nombres de diversos autores y títulos se me presenta el libro. Cómo no lo imaginé, ahí estaba, diminuto de tamaño, sí, Percusión y tomate, no lo podía creer, recordé a José Carlos, fue como conseguir un medicamento escaso, no pensaba en él, pero lo encontré y también «La silla cruza las piernas». Estaba claro. No había que pensar. Compré los dos. Todo el esfuerzo había valido porque esos dos libros estaban ya en mis manos. Regresé a Puerto Cabello feliz. Me acompañó en salas de espera, en muchos autobuses, en alguna tarde sin electricidad.

No he leído este libro. Me lo he comido. Volveré a repetir.

 

***

 

Marhisela Ron León-columna-Ciudad Valencia

Marhisela Ron León (Puerto Cabello-Carabobo-Venezuela): Poeta, licenciada en Enfermería por la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada. Ha realizado Talleres de poesía a través del Instituto Municipal de Cultura de Puerto Cabello; también de escritura creativa con Nanda Nieves y de narrativa en Corrección Perpetuum, Escuela de Escritores de Caracas. Íntimo (2010) Bonus (2022).

 

Ciudad Valencia