El calendario señalaba que la primera parte de diciembre había finalizado. Es una época encantadora, donde muchas luces decoran la ciudad, los villancicos resuenan por todas partes, pero hay algo que desespera: los restaurantes llenos.
Y es que mis grandes amigas y yo tenemos un objetivo cada año: «compartir el almuerzo navideño». Entonces nos pusimos de acuerdo con la fecha (viernes 19 de diciembre) para comenzar a buscar el lugar que nos gustara a todas.
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No fue tan fácil, pero somos echás pa’lante. No se trataba únicamente de ubicar una mesa para cuatro mujeres, sino de conseguir un sitio con atmósfera de Navidad y que se ajustara a nuestro presupuesto: “bueno, bonito y barato”.
Nuestro grupo de WhatsApp ardía con capturas de pantalla de los lugares visitados y la pregunta no era dónde almorzaríamos, sino si podríamos hacerlo antes de que llegara el Niño Jesús.
La reunión navideña con las amigas es un ritual sagrado para hacer un balance del año y brindar por el próximo. No podíamos dejarlo para otra fecha porque cada una de nosotras tenía compromisos familiares ineludibles. Así que se mandó un cuestionario al grupo para que definitivamente escogiéramos dónde almorzaríamos.
Pero no era fácil; aunque todas estábamos de acuerdo con “arroparnos hasta donde nos llegara la cobija”, queríamos algo bonito para ese encuentro con las imprescindibles “fotos” de Navidad.
En uno de los restaurantes que visité me dijeron que sus hallacas las hacían con carne roja y tocineta… Les pedí que me lo ratificaran y volvieron a decir: “carne roja y tocineta”. Si queríamos algún dulce, podíamos llevarlo nosotras. Salí como picada de avispa del lugar. Eso pasa cuando se busca lo barato.
Una de las amigas visitó uno de los nuevos centros comerciales de Guacara, donde pusieron otra sucursal de una panadería de moda, y nos comentó que la oferta del “plato navideño” no estaba cara, pero que no incluía el dulce ni la bebida, como lo estaban haciendo en otros locales, por lo que se alejaba de nuestras posibilidades.
Nos dábamos cuenta de que el tiempo pasaba aceleradamente. Yo encontré un lugar por Instagram, en Yagua. Les mandé fotos a las amigas y les pareció maravilloso para la reunión, pero al yo averiguar los detalles resultó que el acceso al restaurante era difícil porque no llegan autobuses cerca, por lo que tendríamos que buscar un taxi.
Además atendían a partir de las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche. Y en cuanto a la comida se especializaban en marisquería y dulcería, así que nada de “plato navideño”…
—Dijeron que lo hicieron una vez por encargo. Aclaran que ese no es su fuerte y que, además, se van de vacaciones el 23 de diciembre. Ya será para otra oportunidad y probaremos unos “camarones rebosados”.
Habíamos preguntado por todas partes, dejando de última a una conocida cadena de supermercados a la que le habíamos estado rehuyendo. Es allí donde yo hago mi mercado. He comido en su restaurante-cafetín y, la verdad sea dicha, la comida es sabrosa y sirven de manera generosa.
—Amigas, ya tenemos el viernes encima y debemos escoger el lugar —les comenté.
El acuerdo fue entonces unánime y allí quedamos en vernos el pasado viernes 19 de diciembre a mediodía.
Fuimos llegando una a una con el deseo de disfrutar el almuerzo navideño. Ese mediodía logramos ambientar el encuentro con una atmósfera navideña, destacando nuestra mesa con la alegría de todas las amigas.
Hubo fotos junto al árbol de navidad y la comida estuvo exquisita. No hubo lujos ni restaurantes especiales, solo cuatro corazones que seguían manteniendo al unísono el mismo sentir, las mismas ganas de compartir las cosas que tienen en común y que las hacen felices.
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Carmen Beatriz Pacheco (Caracas, 1951) es cronista, dibujante y aficionada al haikú y al microrrelato. Ha participado en el Taller de Lectura y Escritura Creativa del Museo de Arte Valencia (MUVA) con el Prof. Ramón Núñez. También formó parte del grupo CEINFOLEIM, dirigido por el escritor José Luis Troconis Barazarte.
Integra el Laboratorio Narrativo Zuaas en cuyo libro colectivo «Relatos de lluvia (historias que caen del cielo)» (2025) interviene con tres relatos breves. También integra la Escuela Virtual «Historias en Yo Mayor» de la Fundación FahrenHeit 451 (Colombia).
Ciudad Valencia / RN













