Un dicho popular expresa el que tal vez es el enigma natural más extendido por el mundo. El que pregunta qué fue primero: ¿el huevo o la gallina?
Aunque se han hecho diversos estudios, la interrogante persiste, debido a que los resultados no han sido concluyentes, pese a lo que afirman los autores de tales estudios. El enigma sigue vivo y cacareando.
Menciono dicho misterio porque, en la historia de la tecnología, se planteó hasta hace décadas la incógnita que encabeza este texto: ¿cuáles surgieron primero, los rieles o los ferrocarriles?
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Aunque parezca mentira, mucho antes de que se inventara el ferrocarril, ya existían los rieles y las vías formadas por estos. También los carros individuales que los recorrían.
Primero los griegos y luego los romanos, transportaron cargas sobre rieles, con carruajes tirados por personas o animales. Después, en la Edad Media, este medio para trasladar animales, objetos y mercancías se abandonó y hasta cayó en el olvido.
Los rieles, sin embargo, se siguieron utilizando en las minas, siempre arrastrados por personas o animales, según el peso que transportaban
A mediados del siglo XVIII, el ingeniero e inventor francés Jacques de Vaucanson –creador de varios autómatas semejantes a humanos, considerados los primeros robots– diseñó un vehículo que se movía sobre rieles, mediante un mecanismo de relojería.
Otro inventor, el sacerdote suizo J. H. Genevois, creó un carruaje al que impulsaban dos molinos de viento ubicados en su parte superior.
Quien conjugó el uso de rieles con la creación de un vehículo no accionado por energía sanguínea fue el ingeniero inglés Richard Trevithick, quien diseñó la primera locomotora a vapor en 1804.
Trevithick era ingeniero de minas y su experiencia le sirvió para crear tres prototipos: el primero descarriló a los pocos metros y el tercero se convirtió en una atracción de feria. En un espacio circular de una manzana de diámetro, la locomotora rodaba sobre rieles arrastrando un vagón sin techo donde iban pasajeros.
Por su rapidez la llamaron Catch me who can (Atrápeme quien pueda). Pero las locomotoras de Trevithick tenían un problema: no eran lo bastante poderosas para arrastrar más de un vagón.
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Quien solucionó este inconveniente fue otro ingeniero de minas, el también inglés George Stephenson, quien lo logró en 1814.

Once años después –hace ya más de dos siglos–, el 27 de septiembre de 1825, se inauguró el primer transporte de pasajeros en tren, entre las poblaciones inglesas de Stockton y Darlington. Este ferrocarril presentaba otro inconveniente: en plano avanzaba con facilidad, pero en subidas requería ayuda.
En las cuestas suaves se usaban caballos, mulas o burros y, en las empinadas, un sistema de cables y poleas. Desde su salida hasta su llegada, le precedía un hombre a caballo con una bandera roja, para alertar de su inminente presencia y evitar que alguien se atravesara a su paso.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / RN / Foto del autor Gerardo Rosales











