Es bastante común escuchar la expresión: “¡Qué viva nuestra música venezolana!” o “¡La música venezolana es la mejor del mundo!”, además algunos presentadores de espectáculos y locutores de radio anuncian a un cantante, sea hombre o sea mujer, como el rey o la reina del folclor, y así muchísimas otras frases de elogio, todo cargado siempre de gran orgullo por promover «lo nuestro».
Esta música, basada esencialmente en arpa, cuatro y maracas (y hay que incluir también el bajo), es típicamente «música llanera», sólo que para nuestro orgullo se le ha dado un carácter global como representación de nuestra cultura musical autóctona venezolana.
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Y no puede negarse el tremendo auge obtenido por los diversos ritmos llaneros, lo cual ha sacado a la palestra a grandes copleros de larga trayectoria, quienes no habían recibido el crédito ni el respaldo merecido; y casos más recientes y exitosos en la música llanera incluyen a Vitico Castillo, Alí Cabello, Armando Martínez, Jorge Guerrero, Scarlet Linares y Émily Galaviz, entre muchos otros.
En los años ‘80 y ’90, el que más sonaba por su indiscutible talento en la composición y el canto era Reynaldo Armas, y después se le unieron Cristóbal Jiménez, Luis Silva, Santiago Rojas y Reina Lucero.
Los más recios y grandeligas, mitos indiscutibles del Llano, como El Carrao de Palmarito, El Indio Dámaso Figueredo, Ángel Custodio Loyola y Francisco Montoya, por solo mencionar algunos, no contaron con ese buen momento que se vive hoy ni recibieron el mismo respaldo que merecían en radio y televisión, pero siguen siendo el mayor y mejor referente para todas las generaciones de copleros emergentes.
Simón Díaz es un caso aparte, no tuvo rival en su estilo de cantar y de componer, no ha surgido para las “tonadas” otro como él. Entonces, nuestra música llanera es venezolana, pero no toda la música venezolana es llanera…
Variantes de nuestra música criolla
Para efectos de proyección internacional, el protagonismo se les ha otorgado al arpa, el cuatro y las maracas, sin embargo, nuestra variedad musical es muy rica, contamos con muchos ritmos y variantes, dependiendo de las regiones y pueblos que conforman nuestro país.
La música hecha por Serenata Guayanesa, Un Solo Pueblo, Huáscar Barradas, Maracaibo 15, Tambores de San Millán, así como lo que dejó Aldemaro Romero y su Onda Nueva, Gualberto Ibarreto, Lilia Vera, Cecilia Tod, Alí Primera, Francisco Pacheco y su Pueblo, entre tantos otros artistas, también es música venezolana
Y sin excluir Balada, Rock, Pop ni Merengue, los que sin ser originarios de aquí han procreado variantes con sello propio, y es por eso que se habla de la Salsa venezolana, el Merengue venezolano, de Rock nacional y pare usted de contar.
Al inicio mencioné la palabra «folclor», y con ella se acostumbra identificar, muchas veces, temas criollos de diversos géneros, sean quirpa, fulía, zumba que zumba, periquera, joropo, seis por derecho… son ritmos folclóricos, y no siempre es así; el “carácter folclórico” está presente solo cuando el autor de un tema es de origen desconocido, de lo contrario, puede que sea popular, autóctono, de nuestras raíces, pero no sería “folclórico”, si tiene un autor plenamente identificado y registrado.
Algunos locutores, animadores y presentadores de eventos, en radio o TV, suelen generalizar lo del folclor, se entiende que se hace con buena carga de orgullo, pero no está demás tener presente esta aclaratoria.
Corazón Llanero y los jóvenes
En una ocasión fui invitado a un evento llanero donde la atracción principal era Reynaldo Armas, debo decir que todos los participantes se lucieron y ¡ni hablar del “muchacho de la película”!, no obstante, más allá del buen espectáculo, lo que más me asombró fue la cantidad de chamos presentes, a pesar de lo caro de las entradas y del servicio de bebidas y demás.
Creo que esto refleja lo que decía al principio, es decir, el auge que ha tenido la música llanera en los últimos tiempos. Y a propósito de ese exitoso proyecto al que se le ha dado el nombre de Corazón Llanero, cabe decir que sobrepasó los meros conciertos y se convirtió en su momento de mayor auge en una escuela para gente de todas las edades, pues en niños y niñas despertó un furor por el canto y el baile, y lo que antes les daba vergüenza, hoy es un orgullo, bailar nuestra música llanera.
Uno de los corresponsables de este proyecto ha sido el cantante y compositor Armando Martínez, y para mayor satisfacción esta música ha contado con un teatro propio para proyectarse, el Teatro Junín de Caracas.
Todo demuestra que siempre lo que ha hecho falta es el respaldo y la voluntad gubernamental para que las grandes cosas se logren. Y es que desde la llegada de Hugo Chávez, la merecida proyección de esta música, junto a sus cultores y su baile, se han materializado notablemente.
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Ramón Emilio Toro Martínez (Caracas-Venezuela, 1966) es licenciado en Educación, mención Lengua y Literatura, de la Universidad de Carabobo (UC) en 1993. Es también Productor Nacional Independiente y locutor con experiencia en el desarrollo de programas radiales sobre música afrocaribeña en la ciudad de Valencia, estado Carabobo: Ciento por ciento Natural, por Lago 91.5 FM; Letras y Notas, por Salsera 96.3 FM, y Óyelo que te conviene, por RNV Región Central 90.5 FM. Es autor del libro «Letras y Notas sobre la Música del Caribe» (2020), presentado en la FILVEN Caracas 2020 (Casona Cultural Aquiles Nazoa) como el único proyecto editorial independiente de ese año.
Ciudad Valencia / RN












