“Invocación a la madre” por Vielsi Arias Peraza

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Mayo es el mes de La Madre: la madre tierra que representa el comienzo del ciclo de invierno y la fertilidad con el Día de la Cruz de Mayo (celebración que se remonta a la época de la conquista y que  sirvió para propagar la fe cristiana en los aborígenes), fiesta que marca a su vez el ciclo festivo de San Juan Bautista y el “Día de las Madres” como forma de honrar el amor por ellas y su entrega abnegada al cuidado de los hijos.

Mayo simboliza el vientre de la madre representado en la tierra. Así, a lo largo de Venezuela, los campesinos le cantan a la Cruz para pedirle al cielo por la entrada de la lluvia y la prosperidad de sus cosechas: “Santísima Cruz de Mayo,/ mándanos un aguacero,/ tú que conversas con Dios/ y los ángeles del cielo”; no en vano son las mujeres las cuidadoras de esta tradición.

La Cruz es símbolo de vida, de allí que muchos fieles se acerquen a ella para pedir por el nacimiento del árbol. Así ocurre en algunas localidades de Carabobo: Mariara, Guacara, San Joaquín, Tocuyito, Belén, Bejuma, Patanemo y Urama, entre otras, donde la cruz es vestida con flores, cogollos de palma o papeles de colores y se le acompaña con ofrendas y versos para pedir por la fertilidad de la Gran Madre. Cada región lo hace a su manera, según sus creencias particulares.

En Mariara, por ejemplo, esta festividad se celebra en el Barrio El Carmen, en la casa de la señora Violeta Moreno, cultora que heredó la tradición de su madre Bruna Barreto. El velorio fue traído desde La Guaira por la familia Bello y con cantos de fulías, rezos y declamaciones de décimas se conserva desde 1957.

Por otro lado, y de manera curiosa, dos grandes poetas venezolanos nacidos en mayo, Ana Enriqueta Terán (trujillana residenciada en Valencia hasta su muerte), nacida un 4 de mayo de 1918, y Ramón Palomares (también trujillano), nacido un 7 de mayo de 1935, ambos amigos entre sí y muy queridos por esta ciudad de Valencia dedicaron parte de su poesía a la madre: el paisaje y la madre biológica.

Así en su Autobiografía en Tercetos Trabados u otros libros, Ana Enriqueta Terán invoca a la madre:

 

…y sí la madre como voz primera,
audible, pero llena del momento
donde se unen fuego y la madera

 

Asimismo, canta a sus “Ríos de Infancia”: Momboy y el Motatán para celebrar el paisaje andino:

 

A cada instante ver el precipicio
de tu rumor y modos, con esmero
de quien se vierte en matinal oficio

 

Pasando luego por la “Estancia de las flores”, “Estancia de los árboles” para terminar en la estancia de los suyos y volver siempre sobre la protección del anillo familiar.

Igualmente, el poeta Ramón Palomares construirá una poética cargada del paisaje, la vida familiar andina, voces de campesinos y, por supuesto, la madre:

 

mi madre está llegando al cielo
Qué de santos vuelan a recibirla
quemadita, tostada, unos huesitos,
Su traje medio luto ya se lo cambian y le ponen
un traje blanco adamascado.

 

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Como sabemos, en Venezuela las familias son matricentradas, es decir, la madre (puertas adentro) lleva el liderazgo del hogar y por ello históricamente la carga del cuidado siempre recae sobre ellas y muy particularmente la transferencia del idioma, pero gracias a las madres llegamos a tener grandes poetas como Ana Enriqueta Terán y Ramón; hoy queremos invocarlas como semillas infinitas para que desaparezca “toda desesperanza vana”.  

 

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Vielsi Arias Peraza (Valencia-Venezuela, 1982) es licenciada en Educación, mención Artes Plásticas, de la Universidad de Carabobo (UC) en 2005. Participó en los talleres del Ateneo de Valencia y de la Dirección de Cultura de la UC (2003). Es miembro de la Red Nacional de Promotores de la Lectura por el estado Carabobo. Es autora del poemario Transeúnte (Editorial el perro y la rana, 2005) y de La Luna es mi pueblo. Memorias del pintor Cristóbal Ruiz (Editorial el perro y la rana, 2008).

 

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