desencantado-Gabriel García Márquez-Gabo

El ejercicio de la autoridad y la vigilancia sobre la difusión de las ideas ha permanecido desde que existen dominadores y dominados. En algunas épocas, libros en la hoguera, la censura, hasta la pena de muerte.  Entre otros temas, Umberto Eco documentó en El nombre de la rosa, el debate sobre el conocimiento y los dogmas; la duda y la fe.

En esa obra literaria, que luego fue llevada al cine, el leit motiv de los asesinatos de los monjes era la lectura del segundo libro de La Poética de Aristóteles, en especial, el apartado dedicado a la comedia: la risa es el antídoto para el miedo, y sin este no hay temor a Dios. La risa: una herejía en el medioevo.

 

DE LA MISMA AUTORA: DESCUBIERTOS Y NO DESCUBIERTOS

 

Luego de la invención de la imprenta, la vigilancia estaba relacionada con la alfabetización y la circulación de libros: ¿Quiénes podían leer (era una práctica elitesca), qué ideas (libros) se debían difundir, quiénes estaban autorizados para el laborioso copiado, y en qué espacios?

Cualquier infracción se pagaba con la excomunión y la hoguera. La ordenanza de Ferrara (Italia, 1553) establecía que los tipógrafos no tenían facultad de imprimir ningún libro si no obtenían el consentimiento de tres clérigos nombrados por los gobernantes de cada una de las comunidades aledañas a la imprenta.

 

La Inquisición, poder de hierro

Esto de las autorizaciones fue motivo de discordia entre el poder eclesiástico y el poder de las monarquías. Reyes y príncipes se impusieron para tener representación en los consejos de censores; pero el verdadero poder represivo lo tenía la Inquisición con sus confesores, examinadores y ejecutores, quienes infundían temor y terror con sus métodos de aniquilamiento. Se husmeaban casas y bibliotecas, y ser librero era un oficio al filo de la muerte.

Fuese manuscrito o generado por la imprenta, el libro se convirtió en un objeto mágico-religioso: sagrado o peligroso. En el imaginario de quien no tiene una influencia directa o control, el libro posee un potencial inductor de riesgos que hay que vigilar y, en algunos casos, detener.

Este control, llegó a la elaboración de índices de libros prohibidos, elaboradas por la Inquisición y universidades, como las de Salamanca y Alcalá, en España. Gargantúa y Pantagruel de Rabelais figuraba entre los primeros.

No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX, en 1966, que Pablo VI abolió el Índice de los Libros Prohibidos. Contenía unos 4.000 títulos censurados, ¿los motivos? por herejía, deficiencia moral, sexualidad o ideas políticas. Sobre quienes los leyeran recaía la pena de excomunión.

 

¿Quiénes figuraban en la lista de libros prohibidos?

Martin Lutero, Erasmo de Rotterdam, Giordano Bruno, Jean de La Fontaine y François Rabelais; René Descartes, Blaise Pascal, Baruch Spinoza, David Hume, Immanuel Kant, Auguste Comte, Jean-Jacques Rousseau, Thomas Hobbes y Jeremy Bentham; Nicolás Copérnico y Johannes Kepler. Honoré de Balzac, Émile Zola y algunas obras de Víctor Hugo; Alberto Moravia, Anatole France, André Gide y Jean Paul Sartre.

Obras censuradas: El Lazarillo de Tormes, algunos capítulos de El Quijote, por “pornográfica” la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert. También, entre otras obras, La última tentación de Cristo de Nikos Kazantzakis, El segundo sexo y Los Mandarines de Simone de Beauvoir.

También existen listas de libros sugeridos, lo que se denomina canon, repertorio válido para quien detenta el poder de crearlo o perpetuarlo (entes estatales, corporaciones editoriales, librerías, universidades, bibliotecas). Estos catálogos evidencian qué debe leerse y qué debe escribirse.

Las tradiciones culturales que emanan de un país, de una región, de un continente o de una civilización, tendrán un elenco de obras que se ajustan a los valores, modos de pensamiento y caracterizaciones de lo que es útil o valedero para las personas o para el mercado. Los medios digitales se han encargado de visibilizar el canon desde los centros hegemónicos editoriales.

 

En los EEUU bloqueado el Gabo

Estos párrafos precedentes sirven de marco para un caso de análisis que nos ocupa, y es que han sacado del repertorio de obras en bibliotecas y centros educativos de los EEUU las obras Cien años de soledad y El amor en los tiempos del Cólera, de Gabriel García Márquez, así como En el tiempo de las mariposas de Julia Álvarez, La casa de los espíritus y Zorro de Isabel Allende.

Historias que cuentan de forma magistral, cada uno en su estilo de hacer literatura, la desigualdad, la discriminación, el racismo, la misoginia, las luchas de los pueblos ante la violencia, las políticas intervencionistas, expansionistas y saqueadoras impulsadas y amparadas por los gobiernos del norte.  ¿Será eso lo que les irrita?

El alcalde De Santis (Florida) argumenta que las obras presentan temas de sexualidad y pornografía, que no se corresponden con las edades de los estudiantes.  También han execrado a Saramago y Hemingway y Ray Bradbury, entre otros.  Les molesta que les canten las verdades.

 

Apuntes generales sobre cultura (5) | Arnaldo Jiménez

 

El hecho de desautorizar a autores latinoamericanos tan prestigiosos, de tanta credibilidad humana y literaria, se corresponde con la pretensión de barrer la historia indoamericana, sabiendo que la diversidad lingüística del español en Estados Unidos es un reflejo de la historia migratoria y cultural de las variantes de cada país, y el español y sus variedades reflejan también el bagaje cultural (la memoria colectiva) que siempre han querido aniquilar, como fue la prohibición de hablar español en Nuevo México, California y Los Ángeles.

Los estadounidenses temen  ser reemplazados por los migrantes hispanos o latinos,  algunos son bilingües o hablan spanglish, y se suma que su lengua de herencia se habla en contextos familiares y hasta en esferas públicas.  A partir de 2026, Estados Unidos será el segundo país del mundo con más hablantes de español.  Se les prendió el bombillo de que pueden controlar ideológicamente a través de normativas castrantes.

Sin embargo, lo prohibido ejerce una fuerza inconmensurable, así como los imanes de los gitanos que sacaban hierros y clavos escondidos en Macondo. Una metáfora que los censores gringos jamás van a entender. Valga el oxímoron: Gabo, una concurrida soledad te acompaña.

 

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Maria-Auxiliadora-Castillo-Espinoza-Columna-Sin-timbre-y-sin-distancia 2

María Auxiliadora Castillo Espinoza (Valencia, Carabobo) es docente e investigadora de la Universidad de Carabobo (UC). Exrectora de la Universidad Politécnica Territorial de Valencia. Comunicadora social y productora y conductora del programa radial Verdiras y Mentades (RNV Región Central 90.5 FM).

Magister en Investigación Educativa y estudios de Postgrado en Lingüística; Doctora en Educación por la Universidad de Carabobo, ha llevado a cabo estudios postdoctorales en investigación y Especialización en Gerencia Pública.

 

Ciudad Valencia / RN