La categoría cultura debe, primero, pluralizarse, y segundo, deslastrarse de las connotaciones que le han impuesto las diferentes corrientes teóricas, casi todas importadas.
Alejandro Moreno Olmedo (1993) realizó este esfuerzo con la cultura popular, dignificando su modo de ser, sumergiéndose en lo que él consideraba que era el núcleo de las relaciones que conforman la manera de conocer y, por tanto, la identidad del venezolano: la “relación” como episteme y la familia como centro generador de esas relaciones.
Sin embargo, en mi modesta opinión, el autor generalizó; es decir, cayó en el juego de la teoría de la comprensión que convierte en datos estadísticos a lo “real” investigado. La muestra se transforma en población.
DEL MISMO AUTOR: LAS CULTURAS DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA (2)
Así, podemos afirmar que cultura no es un dato ajeno, una categoría definida de una vez y para siempre, válida para todo ser solo por haber nacido en un territorio determinado. Toda cultura se inserta en un devenir siendo, porque así mismo es el ser humano que la conforma.
En nuestro caso, las culturas venezolanas aún están en proceso de formación, van descartando ritos y formando otros, van asimilando palabras y olvidando otras; van asimilando costumbres foráneas y sopesando sus influencias…
El positivismo establece jerarquías y sentidos, direcciones, metas… Todo modelo de investigación que coloque a lo cultural en el marco de un proyecto, de una teleología, es inconsistente para entender nuestro pluralismo, pues, esta diversidad impide la fijación de objetivos universales como los que se planteó la modernidad, por una parte, y por otra, el ámbito de subdesarrollo o de desarrollo de las estructuras económicas, no determina de manera absoluta la conciencia social de tales culturas en relación.
El ser social podría ser transformado por la conciencia política. Los intentos de modernización se han traducido, en nuestros espacios, en descentramiento y diferentes respuestas —en tanto que conductas sociales—, tejidas en un mismo sujeto. Por ejemplo, la llamada cultura popular es un escenario de múltiples identidades que conviven y se alternan en sus expresiones.
Muchos individuos aceptan sus aprendizajes formales y, al mismo tiempo, pertenecen a grupos esotéricos, folclóricos; creen en Jesús y también en el doctor José Gregorio Hernández; invocan a Changó y se transportan en las montañas; son usuarios de Internet y se interesan por la historia del barrio o de sus lugares; deforman el lenguaje técnico de navegación virtual y bautizan las máquinas con nombres de personas.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia/RN












