Todo aquel que se crea escritor o pichón de escritor, como es mi caso, no puede perderse la fiesta de “La Filven” cuando llega a su ciudad. Es como aquellos circos, en el buen sentido de la palabra, que iban de pueblo en pueblo a mostrar la magia de sus artistas.
Con ellos llegaban acróbatas, adivinos, malabaristas y pare usted de contar. Para mí, la Filven aparece para despertar el disfrute por el trabajo que, poco a poco, realizan los artistas.
Por nuestra ciudad, las campanas del talento comenzaron a hacer ruido por todas partes. Los poetas, narradores, cuentistas, ensayistas, relatores, cuentacuentos, escultores, músicos se dieron a la tarea de elegir sus obras más rimbombantes para presentarlas en esa gran fiesta de la Filven.
En un alto que se hizo en el taller de Lectura y Escritura Creativa, que curso en el Complejo Cultural Museo de Arte Valencia (MUVA), el amigo Luis Salvador Feo la Cruz, director del Gabinete de Cultura de Carabobo y también director del MUVA, se acercó al grupo para comentar la proximidad de la Filven y, entre otras cosas, para decirme que en esos días presentaría el libro “Relatos de Lluvia”, logro colectivo del grupo “Zuaas” en el cual participo, acompañada del escritor Ramón Núñez.

DE LA MISMA AUTORA: ¡CREO QUE MI HIJO ESTÁ MUERTO, NO LO SIENTO!
Valencia acudió como nunca lo había hecho en otra Filven. Luis Salvador, desde meses atrás, había estado invitando y preparando el lugar porque estaba seguro, por su experiencia, de que esta vez sería la mejor Filven de estos tiempos; con la seguridad de que quedaría en el recuerdo de todos los carabobeños y en aquellos que visitaran el MUVA.
El día anterior a mi presentación estuve en la del escritor José Luis Troconis Barazarte y lo vi tan suelto, tan dueño de su trabajo, que me pareció la mejor forma de mostrar un libro. ¡Había que ser uno mismo!
También asistí al homenaje que se le hizo a ese excelente escritor que fue José Carlos de Nóbrega”; las palabras allí dichas por sus compañeros en las letras me dejaron el profundo deseo de haberlo conocido en sus días de gloria y tertulias.

La aparición de nuestra amada Laura Antillano, acompañada por el escritor Ramón Núñez, fue servida como un estimulante para los novicios y otra lección más para los escritores más avezados. Verla en la Filven, compartiendo su sabiduría y experiencia en el arte de las letras, arrancó de los presentes vítores y aplausos. Ella desbordaba sencillez, personalidad y esa mirada que busca en sus adentros la magia que la hace ser una de las mejores escritoras latinoamericanas.
Al fin llegó mi momento esperado. Los nervios bailaban cual ondinas en pleno bosque, mientras que en mi estómago las mariposas revoloteaban sin parar.
Solo algo me mantenía tranquila: el ser amiga de la persona que me presentaría, el escritor Ramón Núñez. Sus palabras me darían un respiro en cada paso de la presentación.
Los “paragüitas” (marca-libros) que fui obsequiando al momento de hablar sobre el libro “Relatos de Lluvia” llegaron a cada uno de los allí presentes. Seguramente algunos no los recibieron por pensar que sobrarían. Ese día me tocó compartir mi presentación con la poeta Aimé Torres, maravilloso ser humano, con una vibra que se sentía en todo el salón.
El escritor Ramón Núñez abrió el espacio con sus palabras de reconocimiento hacia mi trayectoria, corta pero trayectoria al fin, en las letras. Mientras lo oía, me preguntaba: “¿Todo eso lo he hecho yo?”.
Fue gratificante participar en esta 21° Filven Carabobo con el cuarto libro colectivo de narrativa breve de la Colección Relatos de Contra Viento y Marea Ediciones y del grupo literario Zuaas. Está compuesto por treinta y cinco microrrelatores individuales y uno colectivo del “Laboratorio Permanente de Lectura y Escritura, mención Narrativa”.
Participar en la Filven dejó en mí una gran satisfacción, a título personal, una experiencia muy esperanzadora al ver que hay mucha gente escribiendo, creando, soñando, y eso es lo que más importa en estos momentos en el mundo, creer, soñar y amar.
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Carmen Beatriz Pacheco (Caracas, 1951) es cronista, dibujante y aficionada al haikú y al microrrelato. Ha participado en el Taller de Lectura y Escritura Creativa del Museo de Arte Valencia (MUVA) con el Prof. Ramón Núñez. También formó parte del grupo CEINFOLEIM, dirigido por el escritor José Luis Troconis Barazarte.
Integra el Laboratorio Narrativo Zuaas en cuyo libro colectivo «Relatos de lluvia (historias que caen del cielo)» (2025) interviene con tres relatos breves. También integra la Escuela Virtual «Historias en Yo Mayor» de la Fundación FahrenHeit 451 (Colombia).
Ciudad Valencia / RN













