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Ángel Omar García González: autor de la columna de Ciudad Valencia "Historia y Memoria"

Miguel Acosta Saignes-Historia y Memoria-Ángel Omar García GonzálezAmigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: El próximo 8 de noviembre se cumplirán 115 años del nacimiento del Maestro Miguel Acosta Saignes, insigne venezolano que destacó como etnólogo, antropólogo, historiador e integrante de la llamada Generación del 28.

Su vida, en su empeño por ser útil a su país, se debatió entre dos vocaciones: la política y la vida académica. Sus investigaciones lo posicionaron como una referencia, nacional e internacional, marcando el sendero de una fructífera vida intelectual que lo llevó a ser no solo profesor y fundador del Departamento de Antropología en la antigua Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV), en 1947, sino también, años más tarde, decano de la Facultad de Humanidades y Educación.

 

Entre la política y la academia

La vocación política de Miguel Acosta Saignes estuvo marcada por dos factores: las vivencias de su infancia y la represión contra los estudiantes universitarios en 1928. De lo primero da cuenta su propio testimonio: “Yo aprendí la lucha de los humildes [dijo] siendo discriminado como negro numerosas veces en Río Chico y también en Caracas”. De lo segundo, su ingreso como estudiante a la Facultad de Medicina de la UCV y la rápida incorporación a la lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, lo condujeron a prisión junto a estudiantes como Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva y Rómulo Betancourt. En el castillo Libertador compartiría la celda número 6 con José Pío Tamayo, precursor del marxismo en Venezuela.

Tras la muerte de Gómez suma su talento a los esfuerzos por bosquejar el modelo político que debía sustituir al régimen gomecista. Asiste como delegado de la Federación de Estudiantes de Venezuela al primer Congreso de Estudiantes Socialista de América, en 1936, y participa en la fundación de varios agrupaciones políticas: el Partido Republicano Progresista (PRP) y el Partido Democrático Nacional (PDN). Esta ascendente y prometedora vocación política se vería interrumpida tras el decreto de expulsión, ejecutado por el gobierno de López Contreras contra 47 dirigentes de izquierda, entre ellos Acosta Saignes.

Fue durante el tiempo anterior a su expulsión que le sería asignada por la Dirección del Partido Democrático Nacional (PDN) la elaboración de un material que debía servir para la formación sociopolítica de su militancia, de ahí salió su primera obra: Latifundio. El problema agrario en Venezuela, trabajo de dimensiones modestas, escrito en la clandestinidad, siendo solo un estudiante de medicina sin formación histórica, antropológica ni sociológica. Sin embargo, a pesar a estos elementos, enfoques en estas direcciones pueden encontrarse en ese interesante texto.

Tras la expulsión del país llega a México y comienza a estudiar economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “porque yo lo que quería era ser político”, dijo; carrera que abandonará para estudiar antropología, definiendo así su vida profesional: “Me di cuenta que mi verdadera vocación, mi verdadera carrera para la preparación fundamental sociopolítica era la antropología”.

La vida académica e intelectual centrará su atención hasta el final de su vida. Sus estudios estuvieron orientados a un gran propósito: comprender al pueblo venezolano desde sus ancestros más lejanos, esto puede apreciarse, entre otros, en sus libros: Estudios de Etnología Antigua de Venezuela, Vida de los Esclavos Negros en Venezuela, así como su muy laureada investigación: Bolívar, Acción y Utopía del Hombre de las Dificultades.

 

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La edad de sus profesiones

La intensa vida de Miguel Acosta Saignes lo llevó a realizar diversas actividades. “Tengo la edad de mis profesiones”, escribió en un sublime texto: “antropólogo, periodista, maestro de escuela, cronista deportivo, locutor, profesor”. En su juventud, por carecer de recursos económicos, ejerció diversos oficios para ganarse la vida: carbonero, gasolinero, linotipista, bibliotecario. Fundó en 1946 la Escuela de Periodismo en la UCV, y entre los años 1965 y 1971, fue electo como decano de la Facultad de Humanidades y Educación en dos períodos consecutivos.

La combinación entre el periodismo y la antropología contribuyó para que lograra acopiar uno de los archivos fotográficos personales más ricos del país, en los que se puede apreciar parte de la variedad y riqueza de la cultura venezolana. Sus estudios sobre la afro-venezolanidad fueron, también, un esfuerzo por comprenderse a sí mismo, al país, su historia y su cultura.

Su estudio del tema agrario en Venezuela representó la demostración de un problema que no sólo asentaba sus raíces en los propios inicios de la colonia prolongándose hasta el presente, sino que, también, se constituyó en denuncia de las particulares e inadmisibles condiciones de explotación a las que estaban sometido el campesino venezolano.

La obra Latifundio da cuenta de las forma de vida del campesino, invocando el testimonio de los afectados; la distribución de los latifundios en algunas entidades federales; las formas jurídicas en las que operaba el despojo de tierras y la explotación laboral; la ineficacia del latifundio en el marco de una economía capitalista dependiente y los retos organizativos que su existencia demandaba del campesinado y los sectores obreros.

Este texto evidenció, sin proponérselo, que era debatible la afirmación de Mariano Picón Salas, según la cual, tras la muerte de Juan Vicente Gómez, Venezuela había entrado al siglo XX. Al menos en cuanto al tema de la desigual posesión de la tierra el país se encontraba en el período colonial. Los terratenientes continuaban usufructuando, en muchos casos de forma ilegal e ilegítima, grandes extensiones de tierra a costa del empobrecimiento de la mayoría del campesinado. Las expectativas de cambios políticos abiertas a partir de 1936 no abarcaron el ámbito de la justicia para el sector campesino. El latifundio siguió siendo un problema económico y social pese a la Ley de Reforma Agraria de 1961, y lo continúa siendo, aunque en menor medida, luego de la aprobación de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario de 2001.

Como se señaló, el trabajo antropológico, etnológico e historiográfico de Miguel Acosta Saignes lo llevó a acopiar uno de los archivos fotográficos más grandes del país. Hoy, cuando el acceso a la tecnología ha puesto de moda la práctica de registrar y publicar los momentos más personales a través de la captura de una imagen fotográfica, independientemente de su importancia, guiados por el sólo deseo de comunicar lo que hacemos, quizás valga la pena recordar la enseñanza que nos legó el Maestro Acosta Saignes, quien hizo de la fotografía una herramienta para la reconstrucción histórica de nuestro pasado.

 

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A través de la fotografía logró captar momentos, lugares, objetos, paisajes, que resultaban evidencias de sus afirmaciones antropológicas, etnológicas e historiográficas. Si lo vemos en esta perspectiva, quizás, la próxima vez que nos tomemos un selfi, podamos hacerlo con la conciencia de que, tal vez, podríamos estar registrando un momento para la Historia.

El próximo jueves 9 de noviembre, desde los espacios de la Fundación para el Turismo de la Alcaldía de Valencia (FUNDATUR), con el generoso y siempre constante apoyo de su presidenta, la Dra. Dalia Correa, estaremos realizando un foro como homenaje por su natalicio, que contará con la participación de algunos de sus discípulos: Eric Núñez Lira, Abraham Toro, Luzmila Marcano, Eduardo Rivero, Diógenes Díaz y quien esto escribe. Los esperamos a todas y todos en el Centro de Artes Vivas Alexis Mujica (CAVAM).

 

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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

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