Inicio Columnas Después de todo “Otro salvavidas para mí” por Mirih Berbin

“Otro salvavidas para mí” por Mirih Berbin

Mirih Berbín-columna-Después de todo- la luna-eclipse

Me han salvado la vida tantas veces que he perdido la cuenta, y lo más increíble de todo es que, de cierta manera, lo siguen haciendo cada vez. Esta entrega de la cotidianidad a las letras será con elementos anecdotarios que les parecerán difíciles de creer, por lo que se sugiere discreción.

Todo empezó al momento de nacer. El primo de mi padre tuvo que correr 15 minutos a casa de sus padres para pedir ayuda y que estos trasladaran a mi madre, por mi insistencia de llegar a este mundo; con todos los pronósticos en contra, madre y yo estamos bien.

niña en el mar

A los pocos años de nacida, en un paseo familiar para el río de Patanemo, las ruedas del carro se quedaron atascadas en la arena. Mi hermana mayor me llevó del brazo a la orilla, un primo insistió en que me soltara para que él me llevara más adentro a la playa, pero en un oleaje fuerte me soltó. La corriente me arrastró al fondo junto con otro primo pequeño, quien me sostuvo hasta que mi papá nos rescató a los dos. Estoy convencida, hasta este momento, de que mi hermana mayor no hubiera soltado mi mano.

Fui creciendo con muchos talentos. Era inquieta y buscaba aventuras. Mi mamá me regañaba cada vez que esa inquietud me hacía llegar con un morado o raspón nuevos. No faltaba el baño de reclamos con el jabón de «Te lo dije». Pero una vez fue diferente, una amiga me prestó una patineta para bajar un cerro y justo antes de pasar por una calle transversal a toda velocidad, en esa patineta, una piedra se metió en la rueda, perdí el equilibrio y me caí, me raspé toda.

niña en patineta 2

Mi amiga bajó corriendo y vimos como la patineta se detuvo porque quedó debajo de la rueda de un carro que venía rápido, la expresión de la cara de mi amiga y la mía no fue normal, el señor se bajó del carro esperando ver un desastre, pero a mí no me había pasado nada. Sin pronunciar palabra, me llevaron a mi casa, fue contagioso porque mi mamá tampoco habló.

Ya de adulta, fui al médico con mucha alergia y me inyectaron un medicamento fuerte. Tomé el autobús dopada y el chofer hizo una maniobra para cruzar. Me solté de la baranda, y mi cuerpo salió del autobús. Una señora me jaló de la cartera con toda su fuerza, lanzándome contra una pareja que estaba en los primeros asientos, mi cartera se rompió, pero no me pasó nada. Algo relacionado con otro autobús y un accidente me pasó el año pasado y tampoco sufrí mal alguno.

De todo esto aprendí que los salvavidas se presentan en forma de personas, de extraños, de piedras, de conexión familiar, de mis hijos que me recuerdan lo hermoso, de hermanas –caminantes sin prisas de mis propios pies– y de amigos que despiertan lo que se había dormido.

 

LEE TAMBIÉN: “El baile de las medusas” 

 

Agradezco todos los ruidos y los silencios que hay en mi vida. La prosecución del caos que me habita recientemente y, por qué no, los baches y los puentes.

Todavía no sé por qué siguen salvándome, incluso ayer se me perdió el teléfono y una muchacha me lo devolvió, haciéndome recordar lo bueno de la vida y su gente. Pero de verdad, mis amigos lectores, no sé por qué me salvan, tal vez hasta de mí misma. Lo que sí sé es que seguiré remando en dirección al sol. Con la esperanza de que otros se sumen a remar conmigo y sean el milagro de vida que otro desconocido espera.

Después de todo, puedo sentarme y decir que siempre, pero siempre, ha existido un grandioso salvavidas para todos, incluyendo… otro para mí.

 

***

 

Mirih Berbin (berbinm@gmail.com) es poeta, traductora, editora, promotora cultural y docente. Magíster en Lectura y Escritura en la Universidad de Carabobo (UC). Es profesora asistente de la UC y de la UAM. Es editora adjunta de la página literaria El Diente Roto. Fue especialista de poesía en el Museo de Arte Valencia con más de cien lecturas de poesía dentro y fuera del país. Ha escrito varios artículos arbitrados sobre la enseñanza del idioma y los aportes filosóficos para la educación.

Su poesía se ha publicado en numerosas revistas, páginas y antologías. Fue columnista de la página cultural semanal del Diario La Costa entre el 2009 y 2011. Ha publicado: Mareas (2009) y Hacerme Templo (2016), e Hilos Nacientes se encuentra en imprenta. Su poesía ha sido traducida al árabe, francés, italiano, catalán e inglés.

 

Ciudad Valencia