“Todita tuya / todito mío” por María Alejandra Rendón Infante

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María A. Rendón-columna-Don Juan
María Alejandra Rendón, autora de la columna Nos (Otras)
La naturaleza violenta del amor romántico

 

Mucho se ha escrito y sistematizado en torno a lo que se conoce como amor romántico. Esa sensación o estado «ideales», a los cuales se apuesta para sentirnos compensadas y compensados, una vez alcanzamos lo que se supone debemos sentir, pensar y hacer en torno a un vínculo.

La «persona ideal» creemos haberla encontrado una vez se asemeja al modelo que hemos internalizado como el correcto, ideal, único y capaz. Pero en la realidad –importante explotar de una vez esa burbuja– es im-po-si-ble construir un vínculo sano partiendo de esa imagen esclerosada que tanto refuerzo adquiere a través de novelas, series, canciones, películas, redes sociales etc. La «persona ideal» es una imagen falsedada a la que se ha estado venerando y que, por no existir, supone la frustración temprana, o no, frente a los lazos afectivos.

El concepto de amor romántico surge a partir del siglo XVIII de una forma revolucionaria que irá encaminado sobre todo a romper con los cánones anteriores sobre el amor, uniendo pasión y deseo sexual, convirtiendo a los propios sujetos como dueños de sus emociones (Eskezani, 2013).

Se llama «amor romántico» a la creencia de que existe un amor ideal que ha de seguir una serie de estereotipos muy específicos –dentro de un esquema social heteronormado– que muchas veces sirve para justificar la violencia dentro de la pareja y  generar  inestabilidad emocional,  dependencias de todo tipo y tratos crueles que son asumidos como parte de ese pacto que creemos indestructible sin haberlo construído más allá de nuestra imaginación y emocionalidad. La verdad es que partir de que se necesita ser amado o amada, o conseguir al amor de nuestra vida, es el pase directo a un escenario tormentoso por el que la mayoría atravesamos más de una vez.

 

Enamoramiento vs amor:

Otro aspecto a aclarar es que estar enamorados o enamoradas no es amar. Lo primero es una sensación alimentada por la ilusión de haber conseguido o descubierto algo: el amor; ese que «Llega a nuestra vida sin haberlo buscado», «Nos sacude el piso» y «Nos pone de cabeza». Lo segundo es una decisión y una construcción que le sucede a la misma. Lo primero oferta la fusión y lo segundo la inter-independencia.  Asimismo, lo primero es algo explosivo e irrefrenable, una situación en la que idealizamos y forjamos un estrecho lazo con quien creemos alimenta una expectativa; cuando realmente es un proceso neuroquímico  potente que nos descoloca;  parte de un modelo basado en la imagen estereotipada y fija. Amar es un proceso de reconocimiento en el que cada cual se integra a un proyecto común desde el reconocimiento de una identidad que de ninguna manera se halla en la necesidad de ser completada o idealizada.

El amor es racional, por lo que amar también es una elección y no necesariamente implica la unión sexo-afectiva que caracteriza al amor romántico. Por el contrario, es una experiencia para experimentar la libertad de ser y así poder consensuar las múltiples y asimilar, desde la razón, un conjunto de acuerdos dentro de los cuales ambas personas –tal vez más, trascendiendo lo binario y el par amoroso– esperan construir conjuntamente para fortalecer el vínculo.

Tal fortalecimiento no guarda relación con la complementariedad, la entrega absoluta, ni la exclusividad, las cuales se han venido asumiendo como indicadores de una relación ideal.

 

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Cuanta más libertad cultive cada parte que la compone, será posible la estabilidad del nexo, que nos proporcione  seguridad y reconocernos dentro de éste desde el principio de separatidad.  Somos parte del vínculo y ello debe ser placentero siempre, aun así,  el mismo no nos define.  La relación de pareja pasa a formar parte de un conjunto o un todo, es decir, es una parcela afectiva importante, pero no la única en la que debamos poner toda nuestra energía física y mental.

Cuestionar el amor romántico, no nos hace creer menos en el amor, ni unos seres fríos que pueden prescindir del afecto del resto de la sociedad, por el contrario, nos permite redefinirlo y establecer nuevas maneras de relacionarnos; múltiples, profundas, complejas,  auténticas, sanas, respetuosas  y que nos ofrezcan la posibilidad de desarrollar nuestra potencia dentro  y fuera del vínculo que deseamos sostener, con acuerdos claros y la disposición de sostener una construcción permanente, sujeta a las propias transformaciones que tendrán lugar en nuestro ser.

 

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María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Forma parte del Frente Revolucionario Artístico Patria o Muerte (Frapom) y es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.

PREMIOS

Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.

PUBLICACIONES

Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).

 

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