Mohamed Abí Hassan-taller de cine-Edgar Narváez

Con este último vuelo finalizamos nuestro largo trajinar por la obra de Eugenio Montejo, en la cual pudimos apreciar cómo nuestro poeta busca por todos los medios disponibles capturar la inmovilidad del instante, la eternidad de lo efímero o la posibilidad de preservar la memoria del mundo a través del poder evocador de la palabra. El poeta se nos presenta así como el hombre llamado a cantar y contar la realidad valiéndose de las imágenes y sonidos que extrae de lo cotidiano a través de su extraño oficio.

Resulta oportuno destacar que nuestro poeta, haciéndose eco de la voz de la tribu, ante un comentario realizado durante su disertación, alcanza a dar una esclarecedora respuesta sobre la presencia de lo venezolano y el papel jugado por los poetas, pero sobre todo por nuestros héroes patrios, en dar a conocer nuestros valores, cuestión que despierta nuestra admiración más allá de las diferencias político–ideológicas. Al respecto ver lo expresado en nuestra entrega anterior.

 

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Como corolario de este trabajo, podríamos afirmar que la poesía de Montejo es una búsqueda llena de hallazgos inesperados, de desarraigo, de extrañeza ante el mundo, todo esto acompañado por aquella antigua nostalgia del hombre de la ciudad por volver a reencontrarse con la naturaleza, por recuperar su condición de campesino, esa distintiva cualidad que veladamente acompaña al verdadero poeta.

 

Montejo

 

No vi a Manoa, no hallé sus torres en el aire
ningún indicio de sus piedras.
Seguí el cortejo de sombras ilusorias
que dibujan sus mapas.
Crucé el río de los tigres
y el hervor del silencio en los pantanos.
Nada vi parecido a Manoa
ni a su leyenda.

 

Anduve absorto detrás del arco iris
que se curva hacia el sur y no se alcanza.
Manoa no estaba allí, quedaba a leguas
/de esos mundos
–siempre más lejos.

 

Ya fatigado de buscarla me detengo
¿qué me importa el hallazgo de sus torres?

 

Manoa no fue cantada como Troya
ni cayó en sitio   
ni grabó sus paredes con hexámetros.

 

Manoa no es un lugar
sino un sentimiento.
A veces en un rostro, en un paisaje, una calle     
su sol de pronto resplandece.
Toda mujer que amamos se vuelve Manoa                                                
sin darnos cuenta.

 

Manoa es la otra luz del horizonte
quien sueña puede divisarla, va en camino
pero quien ama  ya llegó,  ya vive en ella.  

 

Eugenio Montejo: Manoa
(Trópico Absoluto, 1982).

 

Habla Eugenio Montejo:

Montejo

Muchas gracias. Mira, lo que dices me llena de satisfacción. Nosotros podemos ver que las grandes presencias venezolanas no han sido poetas. Hombres como Miranda, Bolívar,  Simón Rodríguez, Andrés Bello son como grandes columnas, grandes faros, por quienes Venezuela se ha dado a conocer en el mundo. Porque la labor titánica de un hombre como Miranda no tiene parangón en el continente. Mientras que nuestra poesía al lado de eso ha sido más bien modesta en el pasado.

 A partir del año ’18 del siglo XX, por cierto el tiempo de la tiranía de Gómez, fíjate tú, después del sacudimiento de la Primera Guerra Mundial se reúne un grupo de poetas donde está Andrés Eloy, Ramos Sucre y Paz Castillo, entre otros,  como búsqueda y preocupación por lo venezolano, de preocupación por la tierra y la palabra venezolana.

 Esta visión de los poetas del `18, que son poetas muy importantes y que vale la pena releer en un taller, pero con mucho cuidado. Repito, hablo de Paz Castillo, de Ramos Sucre, de Fombona Pachano; nada menos que de Luis Enrique Marmol, un poeta de 29 años que murió en Valencia, siendo juez superior.

 Estos poetas centran de una manera angustiosa la presencia de su poesía en lo venezolano. Eso se ve, concretamente, en Paz Castillo. En él sientes el habla venezolana conversando, como un hombre que le habla a otro en un café, está metido en sus poemas.

 Eso va a ser retomado después por Vicente Gerbasi, ligeramente posterior a ellos. Él va a retomar esa preocupación por lo venezolano. Él nace en Canoabo y forma un mito con toda esa búsqueda primigenia de Canoabo. De tal manera que esa búsqueda mira hacia lo venezolano que tú apuntas, no es, digamos, intencionada, sino que se ha metido dentro de esa tradición. La tradición de Vicente [Gerbasi]; la tradición de Fernando [Paz Castillo]; tradición que comparte Crespo [Luis Alberto], por ejemplo, que ya estuvo acá.

Montejo

 Luis Alberto Crespo le da una connotación de su paisaje áspero, duro, seco, que es el que vivió en su infancia en Carora. Paisaje muy hermoso, pero diferente.  En Palomares es el paisaje andino, de Escuque, de la tierra. Un paisaje que es físico y fónico, porque Palomares lo trata desde el punto de vista del dialecto. Él quiere aproximarse al habla de esa tierra, y lo hace con mucho valor.

 Entonces es una preocupación, como ya ves, generalizada, que nos hemos propuesto, pero no como una cosa que se da porque uno la va a buscar, sino que está inserta dentro de la cuestión relacionada con la poesía, y a ella se adhieren los jóvenes. Los más jóvenes la siguen.

 Pero todo eso nace a partir del siglo XX. En el siglo XIX hay solo atisbos, pero no con tanta coherencia como en éste. Hay una preocupación por reflejar el paisaje que nos rodea, el tema psicológico de nuestro paisaje, la voz y el comportamiento de la gente, sin caer en el nativismo. Es una cosa que se da incorporada, porque es la que se da a nuestro alrededor.

En cuanto a Manoa es una búsqueda de esa ciudad mítica. Dialoga con Ítaca o Itaca, nosotros preferimos decir Itaca, como los griegos. La búsqueda de la ciudad mítica es Manoa, la capital de El Dorado, tras de la cual se perdieron todos los conquistadores, cautivados con lo que le decían los indígenas acerca de ella. Si uno lee a Sir Walter Raleigh, este hace unos apuntes que llamó Las doradas colinas de Manoa, en su búsqueda de esa ciudad mítica.

 

 

 Hay también un conquistador de nombre Antonio de Berrío, que hizo tres viajes desde Trinidad internándose por el pleno Orinoco, como un enloquecido buscador de El Dorado. Hay un librito mío, que no es mío exactamente, sino que es un personaje de mi libro, Guitarra del Horizonte.  Mejor aún, es un libro de un personaje llamado Sergio Sandoval, con imitación de las coplas populares de ese pueblo. Él se ocupa de ponerle a cada copla un comentario, es decir, una especie de homenaje al arte del pueblo, con una profunda devoción y un profundo respeto. Ahí también se refleja esa apreciación de lo venezolano que tú haces, no como una cosa deliberada, sino como un homenaje al pueblo.

 Este personaje dice en la copla: Cuerda larga y sin clavija, / que suenas de monte a monte / quién te tocará algún día / guitarra del horizonte. Es la visión del llanero que va en su cabalgata y encuentra la cuerda del horizonte allá. Y esa es una búsqueda. Detrás de la copla hay mucha picardía, a veces hay tontería, pero a veces hay grandes cosas de profundidad, porque ella es una forma y como forma alberga las cosas que tú quieras decir. Si llegas a decir algo profundo allí está. Si dices cosas de pícaro, de tontería, de burla –la mayoría lo utiliza para burlarse de uno o de otro– eso queda ahí también…

 

 ¡Fin del vuelo! ¡Salud, Poetas!

 

*Recordamos que este 15 de mayo se conmemoró el 76 aniversario de la Nakba o catástrofe, término utilizado para describir la ocupación y destrucción del pueblo palestino por el ejército sionista de Israel.

 

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Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).

Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.

 

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