De la Habana viene un barco cargado de…

Antes de que la radio se convirtiese en el atractivo de las sesiones familiares nocturnas,
era costumbre, cada fin de semana, reunirse en determinada casa para disfrutar de maravillosos juegos sociales, los cuales además de divertidos, servían para entrelazar parejas y establecer «estrategias» amorosas entre ellas, en formas veces ingenua, pero directas.

Uno de esos jueguitos, que la familia popularizó para las primeras décadas del siglo 20, convertido en gran favorito, era: «de la Habana viene un barco. Tal parece que la exótica isla de Cuba y la bella capital, era el «lei motive» ideal de aquel recurso destinado a la recreación.

Para jugarlo se preparaba una especie de pelota liviana de papel que era enviada maliciosamente por cada jugador hacia su contrario. Previamente se establecían dos filas: una de las jovencitas y otra de caballeros, ubicadas una frente a la otra.

Comenzando por la primera persona de alguna fila, que lanzaba la pelota diciendo: «De la Habana viene un barco cargado de» (se mencionaba una letra)… y sin titubear, debía aquella responder con una palabra que comenzara con la letra elegida.

Como tardara un segundo para pensar y no lo hiciese de inmediato, era condenada a «pagar prenda», para lo cual el perdedor o perdedora, se despojaba de algún objeto personal como por ejemplo: una sortija, un reloj, o una «pluma fuente»…

 

Cuando el último de los participantes había perdido o transcurría el tiempo establecido para dar por concluido el juego se oía una voz que decía:

– Que se queme esta prenda..!

– Que no se queme porque es mía…!

– Como tu perdiste con Josefina, ella misma te impondrá la penitencia!…

– Que le dé un beso a Felicia, en la nuca…!

 

Si el perdedor se negaba, perdía la prenda y Josefina se quedaba con ella; pero, si se oponía «Felicia», se le condenaba a pagar ella el castigo que su oponente le fijara:

– Que le hale los bigotes a Fernando!…

En caso de que se cumplieran las «penitencias y castigos», cosa que por lo regularse lograba, el juego transcurría en un largo horario donde ocurrían las bromas más diversas, entre risas y aplausos.

-Esa Milagros si que es mala!… de casualidad no le arrancó una oreja al gafo de Gilberto!

– Bien zoquete es él, que se dejo hacer esa maldad!

– Bueno, y qué quieres tú?, ¿no ves que esta loquito por ella..?

 

Recuerdo una divertida anécdota de una amiguita que respondió al decirle un mozo: «De la Habana viene un barco cargado de «I»…»

– De «igos»….! (PERDISTE..! PERDISTE..! Higos es con «hache»)

Fue «condenada» a recorrer la sala descalza, con las medias rotas, entre risas y burlas que la hicieron llorar.

Otro de los adorables «jueguitos» era aquel que decía:

– De donde vienes?

– Del campo vengo!

– Diste margarita…?

– Margarita di..!

Una tímida niña de ojitos glaucos, participaba en uno de estos juegos:

– De donde vienes?

– Del campo vengo!

– Diste Hinojo?

La muchacha miro a todos lados y posó su mirada en una tía, que hizo un gesto raro…

– Mmmm… Bueno. ¡No..!

Las «charadas» consistían en dividir una palabra en cuatro o cinco silabas, numeradas convenientemente:

-Primera y tercera, sinónimo de pantufla. Segunda y tercera pegamento para madera… cuarta: bebida estimulante… y el todo: bebida a base de cacao…

– Yo sé… yo sé: CHO – CO – LA – TE…!

Las «adivinanzas», también constituyeron y constituyen todavía un pasatiempo para mostrar el ingenio y las hay en prosa y en verso.

– A que tu no adivinas lo que te voy a plantear, es una prenda de oro u otro preciso metal que es para hombre y mujeres símbolo matrimonial (AROS y SORTIJAS)

Cuentan viejas anécdotas que en La Pastora, por los lados del seminario, cerca de la casa de los Padrón, vivía un jovenzuelo quien se caracterizaba por asistir a las reuniones después de echarse unos cuantos «guantazos» de «fruta e burro» para entonarse vencer su timidez y así participar en las «veladas familiares».

Se caracterizaba también por utilizar palabras obscenas en las adivinanzas y por esta razón, casi siempre, la dueña de la casa se veía en la obligación de «correrlo» haciéndolo discretamente, de acuerdo con los cánones de la buena educación y ordenaba a la sirvienta:

– Por favor Casilda, tráigale el bastón y el sombrero al caballero que tiene que irse..!

Los amigos del joven, evitaban invitarlo a las reuniones como el lógico, para no «pasar la pena» y «el bochorno».

Una vez, lo llevó un amigo a visitar una familia en Bejuma, desconociendo la mala cualidad del patiquín.

Después de unas cuantas «lisas», llegaron a una residencia donde una joven describía como «adivinanza» una mazorca de maíz tierno:

– Se trata de algo que es largo… redondo… tiene una hebras algo así como cabellos o pelos!.

 

Nadie adivinaba y por lo tanto, la joven insistía en la cosa…

El pastoreño hacia verdaderos esfuerzos para contenerse y no expresar lo que su mente morbosa discurría, groseramente…

– Pero bueno, jóvenes … que pasa?… es una adivinanza fácil fácil. ,.!Es largo. ..algo redondo… se abarca con la mano.

Aquello, mortificaba al pastoreño, quien intervino preguntando:

– Dice usted que algo largo, algo redondo!…que tiene pelos y que se abarca con la mano… y dígame: «se pela»..?

– Si, si! señor! Se pela, se pela…! Ya adivino?

El pastoreño, poniéndose de pie y dominando el efecto de las «Curdas» consumidas, exclamó hacia la dueña de la casa…!

– ¡Epa!, doñita! Por favor… ¡páseme mi sombrero y mi bastón!

Porque Valencia esta lejos…!!

 

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Carlos Delgado Niño nació en Valencia el 2 de septiembre de 1928, locutor, publicista, radiodifusor y periodista. Fue profesor de teatro, docente cultural, humorista, actor, escritor, cronista, libretista, poeta, cantautor y compositor.

Estuvo siempre ligado con el mundo del espectáculo en la ciudad siendo organizador del «1er Festival de la voz y la canción juvenil» en el año 1973 y «Valencia le canta a Valencia» en 1996.

Fue también director de varias estaciones de radio, productor radial y escritor de programas radiales cortos, novelados, y noticieros entre otros. Co-fundador de la Escuela de Teatro José Antonio Páez en Guanare, Portuguesa, y miembro de la Asociación de Escritores de Carabobo.

Falleció el 17 de noviembre del 2012, en su vivienda, rodeado del cariño de sus familiares y amistades más cercanas.

 

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