Divagaciones - Arnaldo Jiménez - Apuntes generales sobre la cultura

¿Has oído hablar de los fracasados?… ¿Te sientes preocupado (a) porque no has podido ser la persona que soñaste hace algunos años? ¿Aún te cuesta ubicarte en tu grupo social? ¿Todavía sigues pensando en ser quien no eres? Te tengo una buena noticia: todo indica que eres un fracasado. Nada extraño, nada del otro mundo; ser un fracasado es el lugar más común que hay en el planeta. Sin embargo, debes comprender algo que, para mí, es de mucha importancia: las escasas personas que logran ser exitosas, se lo deben, sobre todo, a otras como tú y como yo; nosotros los hemos llevado a ser quienes soñaron ser, mientras que sobre nuestra cabeza cae constantemente la idea de que no servimos para nada.

Los años pasan, pasan, se van y con ellos todos nuestros anhelos; cambia mi pana, ya olvídate de querer prestigio, dinero y placer; es decir, todo aquello que ofrece el poder. No, no somos poderosos. Estamos en un lugar muy distinto, un lugar en el que los que pueden nos impiden poder. Te pregunto: si tú fueses una persona poderosa, ¿dejarías que millones de seres humanos asciendan en la escala social y se igualen a ti, o sea, puedan poder? Obviamente, claro que no. ¿Qué harías entonces? Pues, buscarías la manera de hacerles creer a toda esa gente que sí pueden y les pondrías las imágenes a las que ellos pueden optar: artista de cine, supermodelo, deportista súper deportista, cantante, y otras simulaciones concretas de imagenología superlativa y susceptible de provocar imitaciones. Les publicarías millones de libros de autoayuda, coaching para mediocres, y técnicas de respiración para que aguanten los coñazos. Por cada diez millones de fracasados, una sola persona logra ser exitosa. Sería interesante que no te interese. Sigamos.

 

MOLDES DEL FRACASO

Ánimo. No estás solo en esto; somos muchos, como ya te dije, los que hemos fracasado y lo continuaremos haciendo por lo que queda de nuestras vidas; no tengas dudas al respecto. Yo, por ejemplo, te escribo desde un cuarto alquilado en el que tengo un televisor pasado de moda, un aire acondicionado, una cama individual, una biblioteca pequeña; pero nada de eso es mío, forma parte del alquiler; o sea, solo tengo el suelo donde caeré muerto sellando así mi pequeña historia, íngrima e insignificante, como cualquier otra. Jamás he tenido una casa propia. No te estoy diciendo que ya tenga una parcela de tierra –con hermosa grama– del mismo tamaño de mi cuerpo en un jardín en el que todos duermen y hacen silencio; no, te hablo de un triste y vulgar suelo donde me desplomaré el día que Dios quiera. Todos los intentos por tener una casa; exacto, fracasaron.

Ahora fíjate, si leíste lo anterior, seguro pensarás que yo me lo busqué; que por qué no estudié; que quién me mandó a perder el tiempo escribiendo uno que otro librito con tirajes de quinientos ejemplares en un país en el que viven treinta millones de habitantes si, ya con esta desproporción, me aseguro un fracaso más. Tienes toda la razón; los poetas y escritores, en su mayoría y, después de los mendigos, son los seres que más besan el polvo del fracaso. (No quiero decirte que, además, soy docente). Solo te pido que veas esos moldes de los que estamos hablando: escritor, profesional, perder el tiempo. Todo está predestinado, ¿lo puedes ver?

Intenté verter mi masa corporal y psíquica en esos moldes porque ellos me anteceden y los medios de distribución de fracasos nunca colocan a la realidad que más se repite sino a las excepciones que me hacen creer que es la realidad que más se repite y… caí en el juego y ya es tarde para salirme. O sea, compadre, comadre, que el hecho de que seas un profesional, que estudies, que te plantees metas, no asegura que no fracases; creo que es lo contrario: es una forma más, el molde más conocido del fracaso.

¡Ya sé lo que estás pensando!: que depende del país; que, en este, en Venezuela del siglo XXI, solo los políticos triunfan, además de los grandes empresarios; que aquí cualquiera fracasa porque el país no sirve para nada; ¿me equivoco? No me ocuparé de repetir ni defensas ni ataques al gobierno; hay razones de lado y lado y se equilibran en los resultados que estamos viviendo. Pero los moldes del fracaso están relacionados con las políticas económicas de cualquier país, y al mismo tiempo, exceden estos vectores, ya que sitúan sus producciones en las clases sociales y en las publicidades que permiten catalogar las personalidades en cada una de estas.

Cada país tiene sus propias maneras de inducir el fracaso a sus habitantes; todos los que se han ido de Venezuela los han conocido de cerca. Indudablemente que, la crisis económica, ha subrayado los moldes de fracaso que ya existían, y se han multiplicado y han surgido otros. Esto es cierto, ahora, de allí a creer que en otro país no existen los moldes de fracaso, para mí es una gran ignorancia. ¿Puedes irte? chévere, anda, los moldes exclusivos de fracasos para inmigrantes te están esperando. ¿Puede el sistema capitalista sobrevivir sin generar fracasados? Sigamos.

 

AYÚDAME A FRACASAR, POR FAVOR

Aunque quise imprimirle un tinte de tono positivo al hecho de fracasar, no lo logré, y te digo, los párrafos anteriores los ensayé veinticinco veces, hasta en esto fracaso, ni modo. Porque lo que más quiero comunicarte es que los fracasos son piezas en serie, ya están fabricados y, esto, es el común denominador de los seres comunes que comúnmente habitamos el planeta. No hay por qué sentirse inferior por ello, porque no es un asunto que te atañe exclusivamente, tiene que ver con el sistema económico, político y cultural que impera en los actuales momentos en el planeta; no me refiero a figuras presidenciales, partidos políticos… me refiero a un mecanismo productivo que, así como fabrica pantalones y galletas, fabrica fracasos y éxitos; el sistema educativo, formal e informal, nos va conduciendo a estas estructuras, a estas mercancías y, más temprano que tarde, le pondremos por fuera nuestro hermoso nombre para que se complete el proceso.

De algún modo estamos contentos con lo que no hemos logrado, cuando tengamos hijos, haremos que estos también pasen por el mismo engranaje porque, “quiero que mi hijo sea mejor que yo”. No podemos hacer nada para evitarlo. Cuando vemos que el mecanismo es colectivo, que sobrepasa nuestra voluntad, entonces nos damos cuenta de que estamos formando parte de una película que tiene el mismo libreto, las mismas escenas tanto aquí como allá y, prácticamente, construimos y sostenemos nuestra cárcel. Ayúdame a fracasar, por favor y, seguimos…

 

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¿QUÉ SE ENTIENDE POR FRACASO?

Tu ser concreto, de carne, hueso y alma, puede entenderse siguiéndole la pista a estas dos vertientes: por un lado, ¿en qué trabajas?, ¿dónde vives?; por otro, lo que aspiras ser, incluye, obviamente, otra manera de ganarte la vida, otro sitio donde vivir. El yo concreto y el yo ideal. Entre los cuales se tejen los hilos del fracaso. Se fracasa cuando el yo concreto no alcanza al yo ideal. Esto produce un sentimiento de minusvalía que, paradójicamente, te resta las energías necesarias para no fracasar.

Por otra parte, en sentido general, fracasar es no lograr metas; por ejemplo: realizas milagros, haces que el ciego vea y el paralítico camine; diriges palabras profundas que pueden socavar las miserias del ser humano y hacerle cambiar; te sacrificas por la humanidad, te crucifican para que esta sea mejor después de tu muerte; y el ser humano sigue peor y sería capaz de asesinarte mil veces más: entonces, si Jesús es uno de los grandes fracasados de la historia, ¿qué podemos aspirar nosotros? No te sientas mal, mi pana, fracasar no es problema tuyo. ¿Seguimos?

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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