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“Poesía de lugar (II)” por Arnaldo Jiménez

Divagaciones - Arnaldo Jiménez - Apuntes generales sobre la cultura

El sentido del lugar

Volvamos a lo obvio. El poeta parte de un lugar particular a otro lugar particular: de la forma de su cuerpo al cuerpo de las formas; por supuesto, estas formas son de cosas, de acontecimientos, unidas en y por la percepción poética que las convierte en otras, ¿por qué?, porque hay un acto de conquista afectiva por parte del poeta. Un tal acto no es otra cosa que el tejido poético que contiene el núcleo de lo vivido. Mientras escribía lo anterior se creaba en mi mente la imagen del poeta Antonio Trujillo trabajando en su taller de cedro, tallando la madera como talla los poemas, creando un vínculo casi absoluto entre el creador y lo creado; esculpiendo los versos claros, radiantes, en los que las herramientas parecen ser nombradas por primera vez y el lugar inmerso en una copa de vino como un pan sagrado.

Deleuze afirma en su Lógica del Sentido, que el sentido es la expresión, existiendo por y en el lenguaje. En poesía de lugar, este es la expresión y lo expresado sin ser por ello el sentido. El sentido es lo histórico que se registra en el poema, la ilación de un decir que sucede en un lugar, de esta manera, en el poema se puede encontrar una racionalidad semántica cerrada en sí misma, es decir, que no necesita de otro discurso para ser entendida (Aguirre,G.1970 ), y una racionalidad histórica que por expresar el tramado de la subjetividad en la aprehensión de la realidad adquiere un valor colectivo, pero no de generalización en tanto que abstracción, sino de posibilidad de que cualquier persona pueda leer y leerse en ella.

Cuando en un poema no leemos la continuidad lugar-poeta-poema, continuidad que hace círculos cada vez más pequeños hacia un núcleo, podemos estar seguros de que ese poema no es de lugar sino de lenguaje, lo cual constituye una enfermedad: la poesía de lenguaje también expresa algo, expresa a un sujeto que desea ser poeta, y como carece de aquello que hay que decir se deja ocultar por el lenguaje. También expresa a un poeta que ha tomado al lenguaje por el lenguaje mismo y se obsesiona tratando de buscar otra manera de escribirlo, de deformarlo o inventarlo. Para nosotros, el poema vendría a ser otro modo de registrar lo histórico. El lenguaje tomado como objeto de sí mismo es portador de locura; el loco, bueno es recordarlo, es aquel que ha desterrado al significado del significante. En el loco se ha soltado el lenguaje y se erige frente a él como un demonio o un genio que lo domina, el lenguaje habla solo, sin sujeto ni referente, por tanto, es a-histórico.

En poesía de lenguaje las palabras están vacías, no tienen la relación de lo afectivo con el objeto, quizás hay, como en el positivismo, una realidad separada, objetiva. La imposibilidad de que el lenguaje se separe del que lo habla o lo escribe no permite la afirmación de que sea tomado como un lugar. Si convenimos en que el lugar pre-existe al poema, y que toda realidad externa al sujeto es inmediatamente lenguaje o texto en constante interrelación con su lector, entonces el sentido debe y puede rebasar al lenguaje en tanto que propiedad del que habla.

Pronto avizoramos el punto en que nos alejamos de Deleuze, el lugar, no es una estructura. Más propiamente, la relación entre el poeta y el lugar no es de subordinación del primero ante el carácter estructural del lenguaje y la externidad, a menos que estemos en presencia de una poesía de lenguaje o del significante, es decir, de la cáscara de la palabra, carente de significado, de gravedad. Para Sophía de Mello Andresen, la relación del poeta con el lugar posee una justa medida y posibilita la producción de una moral, es decir, la prolongación de esa justicia a las relaciones humanas. Para Bachelard, en cambio, la relación del poeta con el espacio inmediato de vida, con los lugares íntimos de la voluntad de morar y habitar, destilan libertad, libertad de estar y de ser.

Es importante que atendamos a lo que resulta de la conjunción del poeta con los lugares, porque esa relación no excluye a lo desconocido, al misterio, a lo que no se puede tocar o ver, ¿cómo podría excluir todo esto si ella, la poesía, es una forma de indagar el misterio que es la vida? Elicura Chihuailaf, poeta de la etnia Mapuche de Chile, afirma que la poesía en su comunidad forma parte de la vida, se vive, no se escribe, se habla, porque es una convivencia con el entorno y, sin embargo, va más allá, pues el entorno está tocado por la gracia del espíritu. En una entrevista ofrecida para la revista Poesía de Venezuela, le dijo a Sergio Quitral: “Todavía creo que el lenguaje, la palabra, es el instrumento más extraordinario y más revelador del misterio que es la vida, que es posible nombrar lo innombrado…” (Poesía, n: 134,2003). Esta posibilidad era un hecho en Juan Ramón Jiménez, la poesía era para él un medio de unir lo evidente con lo imaginado, lo real que está frente a los ojos con aquello que se nos oculta.

Cuando decimos realidad, generalmente estamos pensando en una entidad acabada susceptible de ser conocida de una vez y para siempre, y bien sabemos que la realidad es un gran pez escurridizo, que no se deja atrapar por la red de palabras que le lanzamos porque estas constituyen el mar por donde aquél se desliza.

La multiplicidad de lecturas que tiene lo real se evidencia en la existencia de la literatura y la coexistencia de esta con otras formas de lecturas como la ciencia, la religión, el resto de las artes, la historia. Cada momento, cada instante, cada época, cada situación, posee significaciones ciertas y falsas, cada verdad es al mismo tiempo una ilusión que se expresa, se alude, se figura, se imagina, se concretiza. Niels Bohr ha dicho que lo contrario de la verdad es también verdad. La literatura, como hecho realizado por el hombre, como gran archivo de sus disertaciones, especulaciones, asombros, obsesiones en su relación con el mundo que le tocó vivir, posee las mismas substancias de realidad y de irrealidad. Pero si esto mismo es compartido por la ciencia y por la historia, entonces ¿por qué no son incluidas como ramificaciones de la literatura?

Es en la primacía del significante donde los formalistas se han regodeado y los estructuralistas han desaparecido al sujeto como actor de la historia. Contrariamente, en poesía de lugar, el poeta suelta sus historias, las cuenta y las canta, domina al lenguaje porque lo usa para ver y para verse.

 

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El lugar no es espacio, aunque todo espacio esté lleno de lugares. La historia colectiva transcurre en los espacios, pero la subjetiva, la local, la que algunos llaman microhistoria, sucede en los lugares. El lugar es tal por un darme cuenta de todo lo que me constituye como humano. Para que se entienda mejor esto lo tomaremos por el atajo de la continuidad. Entendemos por continuidad no a la que está referida a la estructura poemática, sino al núcleo del decir que surge del núcleo de lo vivido. No importa si el poema es corto o es largo, si en él el vacío (en el sentido oriental del término: aquello que permite la distribución de lo tangible, de lo escrito o creado) reparte o no los versos. Lo que importa es que haya reciprocidad entre lo que se dice y lo que se vivió. Aunque, indudablemente, esta reciprocidad no es absoluta ni carece de deformación; lo anhelado también encaja en esta relación, pues todo deseo, toda esperanza, tiene su lugar en las emociones del poeta y se conjuga con aquello que desde lo real le ha dado posibilidades de existir. Por medio de la percepción poética el poeta excava en sí mismo, al hacerlo, se muestra la relación dentro-fuera en lo que tiene de verdad y de ilusión.

Las significaciones del poema constituyen el sentido del lugar, su terredad, como diría Montejo. La poesía de lugar no tiene como referente al lenguaje, sino a la relación de este con lo externo. El sentido siempre apunta en dos direcciones: por un lado, a aquello que le precede y motivó su inmersión en el lenguaje, y, por otro, a lo que se dejó de escribir, pero se percibe como un más allá. En poesía de lugar este más allá no es un velo enigmático signado por las proyecciones patológicas de la psique, es más bien una pluralidad de significaciones en la que el lenguaje se llena de vida, de intensidades, de movilidades.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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