Corría el año 2013 cuando en la sala retumbaba una voz fuerte tomando el derecho de palabra. Su carisma y personalidad arrolladora la convertía en una presencia difícil de ignorar. Con micrófono en mano y risueña se presentó en medio de un Encuentro Nacional de Mujeres y Movimientos Sociales de los tantos de los cuales formó parte: “Soy Rummie Quintero, mujer revolucionaria, afrodescendiente, artista, militante revolucionaria y transexual”.
Era difícil no fijar la atención en su didáctica, porque no era solo eso, había en su voz sinceridad, vigor, sabiduría y propósitos de justicia. Ese día la abracé al culminar la jornada y me presenté felicitándole por una intervención valiosa y esclarecedora sobre la importancia de acompañar la lucha por la comunidad LGBTIQ+.

Rummie no solo estaba permanentemente movilizada, sino que siempre fue disruptiva, agitadora y sumamente estudiosa. Colaboró activamente en la conformación de diversos espacios de formación, pero, además, encabezó con dignidad y valentía la lucha por las reivindicaciones de la comunidad sexogenerodiversa en distintas tribunas que les fueron dadas y por las que también luchó. Su militancia se sostuvo por una energía inagotable.
Es y será siempre un referente, una lideresa destacada, aguerrida, constante y genuina, con la que siempre se contó para el avance, para dar la lucha por los Derechos Humanos, para el debate, para la alegría y la solidaridad. Verla era ser de inmediato contagiada por su chispeante ocurrencia y su motivación. Era la diva, la diva mayor, de esas que no dejan vacante, porque es Irremplazable.

Rummie es el pueblo mujer que hasta el último instante se aferró a sus principios. Colaboró en la creación de cátedras y la construcción de redes solidarias por toda Latinoamérica. Deja una impronta en el activismo feminista y afrodescendiente, siendo que su asistencia era obligada en cualquier trinchera que convocara la justicia, la rebeldía y la inclusión.
Quienes conocieron a Rummie, seguramente coinciden en usar las palabras constancia y alegría para describir su personalidad y los rasgos prominentes en su forma de llevar a cabo el activismo, así como la sumatoria de voluntades para múltiples propósitos. Asumió una vanguardia con crítica y una práctica coherente mientras se empecinó en visibilizar tajantemente la necesidad de conquistar y salvaguardar los derechos políticos, civiles, económicos y de identidad de la comunidad sexogenerodiversa.

Asumía esa bandera como lucha transversal a todo proceso de construcción revolucionaria, pues, no admitía medias tintas y por eso enfrentó con valentía la cultura transfóbica, que a lo largo de su vida interpuso barreras, prejuicios, odio y dogmas que soslayaron el avance continuo y legitimo en procura de arribar a derechos fundamentales sensibles a una comunidad excluida e históricamente estigmatizada.
Rummie fue una de las tantas mujeres trans que encarnó y creyó honestamente en la lucha contra la despiadada cultura patriarcal, pero también contra la cultura deformante que promueve la corrupción, el clientelismo, la desigualdad y la dependencia como signos inequívocos de gran crisis civilizatoria del capitalismo tardío.

Tras su partida no queda más que reconocer en gran vacío que deja en los espacios que nos fueron comunes, reconocer su valentía y agradecer su amor solícito por la humanidad. No queda más que rendir un homenaje justo a quien se aferró a la alegría en medio de una vida llena de dificultades y carencias, celebrar a una defensora de la justicia que jamás fue indiferente al dolor de nadie, ni relajó principios en ninguna coyuntura.
Rummie combatió el burocratismo, al odio descarnado de los medios, a la burguesía parásita, a la representatividad, a las doctrinas sanatizadoras, a la cultura binaria / heteropatriarcal, el oportunismo, la lógica violenta e incorregible del capital, a la guerra y al sistema unipolar que rige la política imperial y hegemónica de occidente.
LEE TAMBIÉN: «UNA CANITA AL AIRE»
Rummie llevó con orgullo su bandera arcoíris, de la misma manera que nosotras y nosotros, sus amistades, llevaremos con orgullo ese supremo el aprendizaje que lega, la esperanza que repartió, como pocas, y la gallardía para enfrentar el odio obsceno de un sistema que le privó de muchas cosas y por varias razones, como lo decía ella misma: por negra, por pobre, por revolucionaria, por trans.
Rummie seguirá hondeando la bandera del amor, de la vida y de la esperanza con su ejemplo de lucha, osadía, trabajo y humildad.
¡Hasta siempre, Diva de Venezuela! Fue un placer caminar juntas durante un hermoso tramo de este camino que seguiremos compartiendo y construyendo insistentemente.
***
María Alejandra Rendón Infante (Carabobo, 1986) es docente, poeta, ensayista, actriz y promotora cultural. Licenciada en Educación, mención lengua y literatura, egresada de la Universidad de Carabobo, y Magister en Literatura Venezolana egresada de la misma casa de estudios. Forma parte del Frente Revolucionario Artístico Patria o Muerte (Frapom) y es fundadora del Colectivo Literario Letra Franca y de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela.
PREMIOS
Bienal Nacional de Poesía Orlando Araujo en agosto de 2016 y el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca 2019 en poesía.
PUBLICACIONES
Sótanos (2005), Otros altares (2007), Aunque no diga lo correcto (2017), Antología sin descanso (2018), Razón doméstica (2018) y En defensa propia (2020).
Ciudad Valencia








