Narcisismo… En todas las épocas ha habido y habrá personas que gastan buena parte de su existencia contemplándose en el espejo y celebrando sus propias virtudes, listas para caer encima y exterminar a quien no esté de acuerdo en que “nadie en el mundo es más lindo y más bello y más inteligente que yo”.
Tales personas, conocidas como narcisistas, son muchas más de lo que podríamos imaginar y muchos más los perjuicios que pueden causar tanto a ellas mismas como a los demás. Su enfermedad, que para ellos naturalmente no existe, es considerada por los psicoanalistas como una fase temprana del desarrollo psicosexual. Cuando persiste representa una regresión y convierte al sujeto en el propio narcisista.
Pero abandonemos el campo de la ciencia para abordar el de la mitología, mucho más agradable y menos comprometedor. La palabra narcisismo y sus derivados provienen del nombre de Narciso, en griego Nárkissos, un joven de singular belleza que de tanto contemplar su propia imagen reflejada en una fuente terminó por enamorarse de sí mismo, lo cual de paso le costó la vida.
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Al morir, Narciso se transformó en la flor que lleva su nombre, de alguna manera relacionado con el narcotráfico porque proviene de la voz narke, estupor. El narciso es una planta herbácea de la familia de las Amarilidáceas cuyas hermosas flores adornan los mejores jardines del mundo.
Era tan exagerado el amor de Narciso por sí mismo que ni siquiera le paró, como se dice en la Venezuela chévere de ahora, a la bellísima ninfa Eco, que estaba perdidamente enamorada de él y por su amor murió, desvaneciéndose hasta que de ella sólo quedó la voz. Una pequeña muestra poética de lo dañino que puede ser el narcisismo.
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Tomado del libro “La palabra de hoy / Programa radial” (Cenal, 2014)
Autor: Aníbal Nazoa González (Caracas, 12 de septiembre de 1928 – Ibíd., 18 de agosto de 2001) poeta, periodista y humorista, considerado «uno de los escritores venezolanos que mejor retrató el siglo XX».
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