José David Capielo-Del Medanal venimos-UNESR-estaciones experimentales

Continúo aquí con el periodo restante de mi estadía, junto a la “Compañera de Siempre”, en tierras larenses. Fue posterior a la masacre de Cantaura (4/10/1982), más el año 1983 y parte de 1984. Una etapa donde debió redefinirse la actividad político-organizativa que cumplíamos.

Debo insistir en lo criminal que fue la acción represiva en Cantaura. Se trató del exterminio de 23 revolucionarios combatientes del Frente Guerrillero “Américo Silva” (FAS), inicialmente casi todos detenidos heridos, pero luego ejecutados. Esto impuso una modificación drástica en la acción política desarrollada. Como organización revolucionaria en armas, que mantenía una importante actividad pública o “legal”, debió retrotraerse a una labor fundamentalmente encubierta.

Sobre Cantaura, años más tarde, logró establecerse que se basó en una acción de infiltración policial. Se identificó a tres ex guerrilleros, que pertenecieron al frente armado anterior (perdido con la división de 1976), quienes se habían convertido en agentes policiales. Estos traidores habían sido incorporados al FAS con el aval de nuestra dirección política, bajo la consideración de que podrían ser un buen refuerzo a este frente militar, pero sin conocer sus andanzas ya como fichas del enemigo.

Los tres esbirros condujeron a los camaradas combatientes a esa emboscada fatal. El gobierno de Luis Herrera, con más de mil efectivos militares y comandos de la Disip, por aire y tierra, ejecutó esta matanza. Solo unos 17 combatientes lograron sobrevivir, según declaraciones en Defensoría del Pueblo (2012). Hasta 2017, solo uno de los delatores había sido detenido.

Ricardo Ochoa (“Sierra”), jefe militar de Bandera Roja (BR) para esa época, narra cómo había advertido días antes a Roberto Rincón Cabrera (“El Catire”), jefe del FAS muerto en Cantaura, sobre la inconveniencia de permanecer varios días en un mismo sitio, ya conocido por todos (Libro digital: “Dos Testimonios: Ricardo Ochoa y Francisco Jiménez. Escrito por Pedro Figueroa. 2019).

En medio de la persecución policial intensa que existió en el año 1982, y con la mayoría de la dirección política nacional prisionera, el frente armado FAS mantuvo una operatividad abierta y un desafío permanente a las fuerzas gubernamentales. El enemigo logró concentrar todas sus fuerzas para destrozarlo y todo se facilitó con la referida infiltración policial.

En Lara, en lo que nos correspondía como frente de masas, reorientamos nuestro accionar al trabajo de bajo perfil, sin aparecer identificándonos en la denuncia de la represión, que debió hacerse a través de amigos en los “comités de derechos humanos”. También se cumplieron múltiples tareas de apoyo solidario y la búsqueda de recursos, casas, carros y otros, que pudieran ser utilizados en forma legal para aliviar esta dura circunstancia.

Lo cierto es que fueron momentos donde cada quien trató de hacer lo mejor posible, dentro de sus responsabilidades y capacidades. En mi caso, aunque nunca había tenido experiencia militar como tal y mucho menos en guerrilla rural, estuve (y estuvimos) dando la cara, reivindicando una política de combinación de formas de lucha y atendiendo algunos asuntos públicos que se mantuvieron incluso más allá de este “quiebre” con los sucesos de Cantaura.

Considero aceptable la labor que cumplimos en esta etapa encubierta. Se logró auxiliar la estructura cerrada más comprometida. Recuerdo una pareja amiga de artesanos “guaros”, que se dedicaron con ahínco a la elaboración de unos 50 o más morrales para lo que sería la reconstrucción del frente armado en Oriente, que se logró en 1984. Se brindó resguardo un tiempo, para algunos de los camaradas sobrevivientes de la masacre, cuidando las medidas preventivas del caso.

 

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En materia familiar pude mantener la relación con mi gente, aun cuando debí suspender los viajes a Coro. Una de mis hermanas se mudó a Barquisimeto y esto facilitó el contacto, sobre todo con Paz Agustina, mi madre. Había muerto mi hermano mayor a finales de 1980, de 37 años y ya viudo, dejando sus ocho hijos huérfanos. Esto representó toda una tragedia familiar.

Ya para inicios de 1984, hubo la decisión de mi traslado a Caracas para reforzar tareas de propaganda. Cuando nos correspondió irnos de Barquisimeto, aproximadamente abril de 1984, la “Compañera de Siempre” estaba recién embarazada de nuestra hija. Ello nos llenó de gran felicidad, dentro de todas las dificultades. Iríamos a otro destino con ese hermoso encargo de nueva vida.

La “Compañera de Siempre” también conservó la relación con sus familiares. Estos aún sin aprobar nuestro “concubinato” mantuvieron un apoyo solidario. Luego, ante el anuncio de nuestra futura hija, nuestras familias ofrecieron colaborar en esta tarea. Abordaremos próximamente esta nueva estadía en la capital, que se extendería hasta mediados de 1987.

 

 

“…ha emergido una nueva metodología de conocimiento de lo social que se apoya en la experiencia de lo vivido, en la subjetividad como forma de conocimiento, tan válido como los números, los modelos, las curvas o cualquier otro instrumento estadístico”. (Profesor Víctor Córdova. UCV, 2003)

 

 

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José David Capielo Valles es ingeniero agrónomo y magíster en Desarrollo Rural, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Campus Maracay. Nacido en Coro, estado Falcón, en 1949. Es docente jubilado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Núcleo Canoabo (2016). Es locutor, comunicador alternativo y colaborador de Ciudad Valencia desde 2014.

 

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