“Todo lo que necesitas saber sobre el güergüero” por Arnaldo Jiménez

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Si tienes un güergüero pasado los cuarenta años, déjame decirte que ya no podrás ser feliz en lo que te resta de vida. ¿Es un castigo divino, una deformación tardía de la evolución humana? No hay manera de saberlo. Pero en todo caso, es un padecimiento, no por el güergüero en sí mismo, sino por todas las pérdidas que supone en las relaciones sociales. Aunque, muy bien pudiera entenderse esa colgadura de pellejo como una especie de signo, una señal de conquista que brota espontáneamente en los machos para atraer al sexo opuesto o comenzar un cortejo amoroso –en muchos animales surgen estos tipos de señales–; lamentablemente, no es este el caso, porque el güergüero no tiene género específico y, por cierto, permítanme advertirles que en el caso de que esa anomalía dérmica surja en el cuello de una mujer, la feminidad se viene a pique, incluso se puede considerar como una afrenta que la niega rotundamente. Si aún no sabes qué es un güergüero, sigue leyendo este post en el que te aclaramos todo lo que necesitas saber para que lo evites definitivamente o, por el contrario, te sientas orgulloso de ostentar esa insignia somática.

 

¿QUÉ ES UN GÜERGÜERO?

Aclaro, el güergüero no es tema médico; aunque puede eliminarse por cirugía estética, no consta en ninguna guía de patologías porque, realmente, el güergüero es un asunto que tiene que ver con la mirada de aquel que lo ostenta; es decir, es una cuestión relacionada estrechamente con los espejos: la mirada del otro. Cuando decimos otro, no nos referimos a una persona externa al güergüerista, nos referimos a una mirada que uno mismo hubiese querido tener: la forja de un rostro que se extravió por los espejos de otras edades y hubiésemos ofrecido el alma al diablo para que ese mismo rostro perdurara en todos los presentes del devenir. No me quiero imaginar a Dorian Gray con un pellejo colgante desde la zona baja del mentón hasta la zona media de la tráquea, cual iguana envejecida.

El güergüero es una vergüenza externa que empalma con una vergüenza interna; lo contrario también es cierto. Una mancha incómoda, el costo de todos los pecados. Sé que estás esperando una definición enciclopédica; no la tengo, no existe. Solo podemos expresar aproximaciones; obviamente, en nuestro caso, estas tienen mucha credibilidad ya que desde hace muchos años luzco un hermoso güergüero que me ha ocasionado no pocas desdichas. Pero para decírtelo con palabras muy sencillas, el güergüero es lo opuesto a una papada.

 

GÜERGÜERO Y PAPADA: UN ASUNTO DE CLASE

Una papada siempre encaja en un rostro robusto, blanco, casi rosado; se trata de gerentes, de empleados de grandes corporaciones, políticos de oficinas, en fin; gente de clase que sonríen a cámaras diariamente, que tintinean un excelente whisky todas las tardes mirando al horizonte desde sus terrazas, mientras planifican mentalmente cómo deshacerse de sus competencias.

Una papada nunca brota en un rostro bonachón, en una buena persona, es casi incoherente con estos seres. Los santos son, en más de un 90%, flacos, y, por cierto, un milagro que pasa desapercibido es que, aun siendo hipérboles de los espaguetis, Dios no permite que desde sus quijadas se balancee la piel insultante de los güergüeros. Por tanto, un espectáculo muy triste sería que a una persona pobre le emerja una papada de millonario. Pero, como ahora está muy de moda lo de la superación personal y todo eso, pues, esa persona debería aprovechar esa señal para comenzar a cambiar de vida y atraer el dinero sacándole provecho a esa papada que, realmente, pertenece a una clase superior.

En cambio, el güergüero, es la evidencia de haber vivido una catástrofe, una crisis económica que ha devastado tus alacenas, bolsillos y cuentas bancarias; una inmensa depresión por separaciones forzadas de tus seres más amados; ese intento constante por tener una papada y constatar diariamente cómo el pellejo cuelga cada vez más, cada vez más y espanta de ti la alegría y el amor. Un güergüero siempre nos recuerda que carecemos de clase, aunque seamos pobres.

 

ALGUNAS CONSECUENCIAS DE POSEER UN GÜERGÚERO

Si bien es cierto que casi nadie puede contar los pollos antes de nacer, muchas personas –casualmente, aquellas que carecen de güergüero–, pueden, al menos, mantener la ilusión de perdurar con un amor hasta la vejez o, hasta la muerte, como dice el dicho eclesiástico. En el caso de aquellos que tenemos una colgadura pellejera, una hamaca con oleajes de piel casi inservible, el amor está negado desde casi todos los puntos de vista; solo podemos exceptuar los siguientes casos: amor de hijos, de hermanos, de padres, y aquellas parejas a quienes les emergió el güergüero antes de que llevaran a cabo la separación: obviamente, estos casos tienen sus excepciones, porque hay que profesar un amor inmenso, santificado, para no sentir asco cuando la boca se aproxima y ese colgajo tenebroso y cruel se nos acerca. Hay que ponerse en la boca del otro para saber qué se siente. Incluso las relaciones sexuales también son rechazadas por el prójimo, así las pagues con divisas.

 

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Los niños te observan como un caso raro que se extravió de algún circo; los círculos que acostumbrabas frecuentar: círculos de amistades, familiares y de los seres más afines a tus gustos, poco a poco te van dejando al margen, te van sacando hacia zonas desde donde no podrán observarte. Quizás, inconscientemente, te consideren contagioso. Son incontables los rechazos atribuidos al güergüero; los cuales llegan a su máxima expresión cuando la persona está cercana a la vejez o ya ha envejecido. Porque a su naturaleza que proyecta evasiones, hay que sumarle el asco, el fastidio y la indiferencia que la vejez causa en nuestros semejantes. Dios nos libre del güergüero porque de la culebra me libro yo.

 

GÜERGÜERO Y CAMUFLAJE

Las bufandas no están diseñadas para ocultar güergüeros; las prendas de vestir llamadas “cuellos de tortuga”, tampoco logran hacer mucho porque, recuerda que el pellejo colgante se inicia desde la parte baja del mentón, de la quijada, así que solo podría ocultar un pequeño porcentaje y, para colmo, esta moda ya no vuelve. Es posible que nos vean como una persona de mal güergüero. El camuflaje medianamente efectivo, es la barba; sin embargo, realicé una encuesta en barrios muy pobres y solo uno de cada veinte hombres poseen capacidad para dejarse crecer una barba que sea tan larga que sobrepase el tórax y, además, espesa. Mi imaginación no alcanza para dibujar a una mujer con este camuflaje. Siendo distribuida mayormente entre los pobres, la cirugía queda eliminada como posible solución.

 

DESCRIPCIÓN DEL GÜERGÜERO

Te he hablado, muy someramente, de las causas que originan la aparición de un güergüero, porque esto amerita la intervención de un equipo multidisciplinario, lo cual escaparía de los objetivos de este post. Sin embargo, te he dicho que tiene que ver con la vergüenza, y esto es cierto; ahora, sobre la causa oculta de la vergüenza, eso sí es harina de otro costal… Hay casos en los que la persona es sorprendida por la súbita aparición de un güergüero: un buen día, como cada mañana, se asomó al espejo y vio el pellejo colgando; desde allí, también sin saber cómo, comienza a comprender que su vida fue vivida en vano, que nada de lo que ha hecho tiene sentido: el güergüero, querido lector, es la señal de los derrotados, de los inútiles y de los torpes. Ya sabes, algo de clase. Entonces, aclarado este punto, a continuación, procedo a describirte un güergüero: no es una bolsa de pelícano o cigüeña en la que pudiéramos ir cosechando gestos para que esa especie de sustancia química llamada olvido los desintegre. Pese a que se ha visto en contadas mujeres, el güergüero es un fenómeno casi exclusivamente masculino. En algunos hombres comienza con la demarcación de los músculos del cuello que rodean la tráquea, y luego se va extendiendo hacia el área superior para finalmente dejarse caer y hacernos creer en el tierno semblante del terror; aunque, este caso es muy extraño, generalmente, los güergüeros surgen desde la base del mentón y se descorren proyectando la extrema debilidad de destino, la más rotunda y pálida resonancia de la lástima. Cualquier persona que nos vea el pellejo colgante comprende que ya carecemos de ilusiones y quizás no podemos engendrar ningún tipo de sueño porque ya vivimos con la pesadilla incrustada en el propio rostro.

Un güergüero está constituido por tardes agónicas, tristezas nocturnas, la insaciable interrogación de la esperanza y, en fin, por el dolor de no haber sido y el temor de ya no ser.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde el 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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